―Puaj, se siente terrible… ―se quejó. A Luciano le dolió el corazón al escuchar eso y luego de quitarse la camisa vomitada, fue a lavarse las manos y sirvió un vaso de agua para que ella pudiera hacer gárgaras; cuando regresó, miró que Roxana estaba de pie y se estaba quitando su ropa, como si no hubiera nadie a su alrededor―. Quiero… quiero tomar una ducha ―continuó murmurando. Al ver como se desnudaba, Luciano regresó a la realidad y se apresuró a llegar a su lado para sostenerla de la espalda.

―Deja de quitarte la ropa ―ordenó, causando que ella se molestara y lo mirara con desprecio.

―Quiero bañarme. ¡Hazte a un lado! ―insistió.

Mientras hablaba, se empezó a desabrochar el sostén, por lo que Luciano se giró con rapidez, sintiéndose aturdido; para el momento en que dio la vuelta de nuevo, Roxana ya había llegado al baño, tropezando un poco por el camino, y su delgada figura recibió a sus ojos con toda su gloria. Estupefacto por la escena, Luciano no logró hacer nada más que mirarla boquiabierto.

«Desde la última vez que la miré, hace seis años, su figura se ha vuelto mucho más atractiva».

La ebria Roxana incluso se había olvidado de cerrar la puerta después de entrar, pero abrió la llave del agua y procedió a bañarse; desde adentro de la habitación, Luciano miró todo lo que hizo con los ojos ensombrecidos. Miró que se seguía comportando como si no estuviera nadie presente, por lo que cerró la puerta del baño, suspirando, antes de limpiar todo el desastre de la habitación. Para cuando terminó, Roxana seguía adentro; frunciendo las cejas, miró los restos de vómito que yacían en su cuerpo y salió de la habitación para limpiarse. Poco después, Roxana emergió del baño y para ese entonces, la ducha le había ayudado a recobrar sus sentidos; cuando notó que las sábanas de su cama habían sido cambiadas, ella seguía un poco aturdida. No obstante, la irritación en su garganta le recordó que acababa de vomitar.

«Pero, ¿por qué no hay signos de ellos en la habitación? En lugar de eso, se mira muy limpio», pensó y en su estado atontado, la cara de Luciano apareció en su mente.

«Mientras estaba ebria, me parece recordar su voz. ¿En verdad me ayudó…?», analizó y manteniendo eso en mente, Roxana sacudió su cabeza con fuerza, con la esperanza de dispersar el pensamiento de su cabeza.

«¡No! ¡No hay manera de que me cuidara y cambiara las sábanas! No puedo imaginarlo haciendo eso».

Al tener eso en mente, Roxana cortó el pensamiento de raíz; sin embargo, seguía sin poder descubrir quien fue su cuidador esa noche. Por fin, se rindió y dejó de adivinar y después de tomar mucho, solo sentía que su cabeza daba muchas vueltas, así que dormir era lo único que tenía en la cabeza. Una fuerte sensación somnolienta la golpeó, así que apagó las luces de la habitación y se fue a la cama; cuando Luciano salió del baño y miró que las luces de la habitación de ella estaban apagadas, la fue a revisar por precaución. No fue hasta que la miró dormir a profundidad que salió en silencio de la habitación.