—¡Terminé! —dijo Estela primero.

Los dos niños hablaron después mientras le lanzaban una mirada a Roxana en busca de su aprobación. Roxana calmó la urgencia que sentía en ella y les sonrió, después se acercó a la mesa y miró la obra maestra de los niños. El lado de los niños era todo un desastre mientras que el lado de Estela no, pero aun así estaban felices. Roxana no tuvo más que elogiarlos a pesar de lo que en realidad pensaba sobre su trabajo.

—Lo han hecho increíble, queridos.

Los niños sonrieron. Roxana miró de reojo a Luciano quien permanecía en silencio y después volvió a ver a los niños.

—Partiré el pastel, ¿de acuerdo?

Los niños asintieron con entusiasmo. Roxana partió el pastel en seis pedazos y le dio un pedazo a cada niño y se quedó con uno para ella. Después se giró hacia el hombre junto a ella, pero este no mostraba ningún interés en unírseles.

—Señor Fariña —lo llamó Roxana con ceño fruncido—. El pastel está terminado, venga a probarlo.

No fue hasta que escuchó su voz que Luciano se dio la vuelta para verla y se acercó. Los niños querían que los dos adultos probaran el pastel del que ellos habían estado a cargo, así que Roxana partió dos pequeños pedazos para ella y Luciano. Cuando probaron el pastel los niños los observaron expectantes, Roxana les sonrió y empezó con el de Estela y con sorpresa exclamó:

—¡Ela, eres muy buena! ¡Está delicioso! Gracias, Ela.

La niña sonrió de oreja a oreja al escuchar el cumplido de Roxana y cuando la última estaba por probar el siguiente pedazo, sonó la voz de Estela tras de ella.

—Señorita Jerez, ¿puedo llamarla mamá?

La niña se veía emocionada y miraba a Roxana expectante. Roxana quedó helada y miró a la niña con los ojos abiertos de par en par, después se giró hacia el hombre que estaba frente a ella. Luciano no se esperaba la pregunta de la niña, de igual manera, Andrés y Bautista estaban asombrados por la pregunta de Estela. A pesar de que estaban trabajando arduo para formar una familia completa, podían ver que aún faltaba que su madre aceptara a su padre.

«Mamá debe estar sorprendida por la repentina pregunta de Ela».

Estala continuó hablando.

—Señorita Jerez, ¿puede ser mi mamá? ¡La quiero mucho!

La niña tomó con timidez el borde de la ropa de Roxana. Roxana recobró el sentido y suprimió todos los sentimientos que aparecieron en su pecho. Dejó el pastel en la mesa, se puso en cuclillas y se forzó a sonreírle a la niña.

—Eres una dulzura, ¿lo sabes, Ela? Es cierto que te quiero mucho, pero eso no quiere decir que puedo ser tu mamá.

Estela movió su cabeza hacia un lado confundida.

—¡Pero yo también la quiero mucho, señorita Jerez!