—Abuelo, ¿cómo te sientes? —preguntó Frida con preocupación en cuanto entró a la habitación.
—Mucho mejor —asintió.
Debido a su edad, el anciano había llegado a comprender cómo funcionaba la medicina tradicional y también había consultado con innumerables médicos de renombre. Sin embargo, Roxana había sido una grata sorpresa para él. Después de cada etapa de su tratamiento, Alfredo siempre sentía una mejora significativa en su salud, lo cual era algo que ni siquiera los mejores médicos del mundo habían podido lograr.
—Me alegro de oírlo —asintió Frida sonriendo mientras miraba a su abuelo. Luego, se volvió hacia Abril y agregó—: ¿Tú también viniste a visitarlo? Ya que es tarde, ¿por qué no te quedas a cenar?
Como era de esperar, Abril no puso ninguna objeción al respecto y mostró una amplia sonrisa.
—En ese caso, espero que no le importe que me quede a molestarlo, gran señor Quevedo.
Alfredo se limitó a reír y asentir.
Dado que Frida también estaba en casa, Roxana se apresuró a guardar sus herramientas, ya que no quería quedarse a interactuar con las mujeres. En ese momento, Alfredo sonrió y se volvió hacia ella.
—Doctora Jerez, ¿por qué no se queda también a cenar? Podría aprovechar la oportunidad para agradecerle como es debido.
Roxana se paralizó por un momento mientras se devanaba los sesos en busca de una excusa.
—Invita también a Luciano —continuó el anciano—. Sería estupendo reunir a todo el mundo para una buena comida. Podemos decir que es la celebración de mi recuperación, ¿no? Además, hace tiempo que no me divierto.
Por supuesto, Jonatan accedió a la petición de su abuelo y salió de la habitación de inmediato para llamar a Luciano. Sin embargo, eso causó que a Roxana se le acelerara el corazón y, después de guardar sus elementos en el maletín médico, se incorporó de inmediato para despedirse de Alfredo.
—Como es una cena familiar, no creo que sea apropiado que me una. Si en verdad quiere agradecerme, siempre podemos encontrar otro día, gran señor Quevedo.
Aunque Roxana había visto a Luciano muchas veces desde que había regresado del extranjero y también conocía su relación con Abril, en verdad detestaba la idea de verlos juntos. De hecho, la imagen mental de ambos sentados uno junto al otro era suficiente para hacerla sentir incómoda; debido a eso, no era de extrañar que tuviera prisa por marcharse.
Era evidente que Roxana estaba reacia a quedarse, y Frida no tardó en averiguar el por qué.
—Pero usted le salvó la vida a mi abuelo, doctora Jerez. Dejemos las formalidades de lado, ¿sí? —dijo la joven mientras sonreía de manera sarcástica—. Además, esta es la forma que tiene el abuelo de demostrarle su agradecimiento. Acompáñenos a cenar si no tiene nada que hacer luego.
Al darse cuenta de que Frida no tenía buenas intenciones, Roxana frunció el ceño. Por su parte, Jonatan escuchó las palabras de su hermana cuando acababa de terminar la llamada.
—Luciano vendrá en un momento —intervino al pensar que Frida intentaba ser una buena anfitriona—. Ya lo conoce y estoy seguro de que le gustaría recibir información actualizada sobre la recuperación del abuelo, así que sería bueno que se quede para ayudar a responder sus preguntas.
Como no se atrevía a decir que no, Roxana solo pudo asentir con la cabeza. Por su parte, Frida la miró de forma burlona mientras se acercaba a sujetar el brazo de Abril. «Vaya, vaya, vaya. No puedo creer que la doctora en verdad tenga las agallas para quedarse». Al parecer, Frida solo le había pedido a Roxana que se quedara porque Alfredo había invitado a Luciano y ella solo quería molestarla. «Dada la relación de Roxana con Luciano, me pregunto cómo reaccionará cuando lo vea con otra mujer. ¡Ay, no puedo esperar para verlo!».