—No pasa nada, señorita Estela. Descanse. Yo masajearé sus ojos por usted.

Apesadumbrada, Estela asintió y se acurrucó en el pecho de Luciano, quien la miraba preocupado.

Después de un rato, Estela por fin recobró sus cinco sentidos y pudo recordar lo que había pasado antes de quedarse dormida.

—Papi, ¿dónde está la señorita Jerez? —preguntó mientras tiraba de la camisa de Luciano.

«Antes de que me quedara dormida, el señor Lara me dijo que la señorita Jerez vendría a verme pronto».

Luciano no esperaba que Estela mencionara a Roxana tan pronto, por lo que su mirada se tornó sombría casi de inmediato; no sabía cómo contestar la pregunta de la niña.

«Si Ela se entera de que Roxana no está aquí porque yo no lo permití, se va a aponer mal… Pero tampoco puedo mentirle».

—¿Todavía no llega la señorita Jerez? —preguntó Estela dirigiendo una mirada inocente a Catalina.

Catalina, quien pensaba en los últimos dos intentos de Roxana para visitarla, solo lanzó una mirada a Luciano, pero este estaba estoico.

Al ver esto, Catalina no pudo más que menear la cabeza un poco y, tras titubear un momento, dijo:

—Me parece que la señorita Jerez sigue ocupada. Tal vez podamos esperar un poquito más, ¿le parece, señorita Estela?

Tras oír esto, Estela agachó su cabeza con gran decepción.

«Creí que vería a la señorita Jerez tan pronto despertara» …

—Papi —dijo Estela al tiempo que volvía a tirar de su camisa; Luciano solo bajó el rostro para encontrarse con la mirada de la pequeña, quien preguntó con expresión inocente— Papi, ¿puedes llamar a la señorita Jerez? ¿Puedes pedirle que se apure?

La mirada de Luciano se ensombreció tras oír esas palabras y no supo qué decir.

—Quiero ver a la señorita Jerez —repitió Estela afligida.

Pero Luciano solo le acarició su cabecita y dijo:

—Lo sé.

Estela se dio cuenta de que Luciano había ignorado su petición, por lo que sospechó que podría seguir molesto con Roxana. Con esto en mente, preguntó con tono nervioso:

—Papi, ¿sigues molesto con la señorita Jerez? Ya no te enojes, ¿está bien? Eso me pone muy triste…

La pequeña, quien seguía muy sensible, pronunció estas palabras entre resoplidos; creía que su padre seguía molesto por lo ocurrido el día anterior.

Luciano solo frunció el ceño y guardó silencio. No fue sino hasta que la pequeña estaba a punto de llorar que el hombre, siguiendo el consejo de Jacobo, respondió con voz profunda:

—No estoy enojado.

Pero Estela no estaba convencida.

—Entonces, ¿por qué te ves tan serio?

—Eso es porque estoy preocupado por ti —dijo Luciano forzando una sonrisa.

Estela no pensó demasiado en la respuesta de su padre y, en su lugar, comenzó a consolarlo diciendo:

—No estés asustado, papi. Estoy bien —y añadió— Solo quiero ver a la señorita Jerez, a Andrés y a Bautista. Papi, ¿y si me llevas a la casa de la señorita Jerez? No importa que siga en el trabajo, puedo esperar a que llegue.

Estela sabía que se sentiría mejor si podía esperar en casa de Roxana ya que así podría verla después del trabajo.

—¿Tanto te gusta estar con la señorita Jerez? —no pudo evitar preguntar Luciano.

Estela asintió con gran emoción y dijo:

—Tanto como me gusta estar contigo, papi.

Luciano frunció el ceño y su mirada se ensombreció.

—¿Por qué?

Esta no era una pregunta sencilla para Estela, pero la pequeña frunció el ceño e intentó dar su mejor respuesta. No obstante, al final se dio por vencida y meneó la cabeza.

—No sé.

Todo lo que sabía era que Roxana era muy buena con ella.

«Además, me gusta como huele la señorita Jerez; me hace sentir segura».