Roxana, por su parte, esperó hasta ya no ver el auto para tocar el timbre de la mansión.
«Este es mi tercer intento del día. A ver si me dejan pasar» …
Dentro de la mansión, Andrés y Bautista habían convencido a Catalina para que se quedara en la habitación jugando con ellos, por lo que no pudo oír el timbre de la puerta.
A diferencia de aquella habitación, el estudio de Luciano estaba sumido en silencio y se podía oír todo sonido proveniente de la planta baja.
Después de que el timbre sonara un par de veces, el hombre salió del estudio para echar un vistazo.
En eso, oyó la voz de Catalina saliendo de la recámara de Estela.
No quería interrumpirlos en sus juegos, así que decidió bajar y encender la cámara del intercomunicador.
—Cat…
Roxana solía saludar a Catalina, pero, tan pronto pronunció la primera sílaba, se dio cuenta de la persona que estaba al otro lado de la pantalla y tartamudeó.
Dentro de la mansión, el semblante de Luciano se ensombreció.
No fue difícil para Roxana percibir su cambio de humor, por lo que apretó los puños y se limitó a decir:
—Vi que Andrés y Bautista están aquí, así que vine por ellos.
En respuesta, Luciano frunció ligeramente el ceño y dijo:
—Así es. Están aquí.
De pronto, una pizca de desconcierto se hizo presente en su mirada.
«Qué es lo que trama ahora? ¿Instruyó a Andrés y Bautista a que vinieran y ahora quiere usar la misma excusa para que la deje pasar?»
Al oír una respuesta afirmativa de su parte, Roxana respiró aliviada.
—Lo lamento. Espero que no te hayan dado mucho problema. ¿Podría informarles que vine por ellos y que los esperaré por la puerta principal de la propiedad?
Debido a que ya le habían negado la entrada dos veces cuando intentó visitar en la mañana, decidió cuidar sus palabras. En realidad, ni siquiera se atrevía a solicitar que la dejara pasar dentro de la casa.
Una vez más, la mirada de Luciano se ensombreció y, sin molestarse en decir nada más, levantó su mano y presionó un botón en la pantalla.
Segundos después, justo cuando Roxana estaba a punto de insistirle, la puerta principal se abrió de a poco.
Al mismo tiempo, Luciano dijo apresurado y con voz profunda:
—No tengo mucho tiempo para lo que pide. Pase y dígales usted misma, señorita Jerez.
Tras esto, Luciano apagó el video del intercomunicador.
Roxana no pudo evitar meditar un poco en el significado detrás del comentario del hombre. Con todo, entró vacilante a la propiedad.
Al llegar a la puerta de la mansión, vio que la puerta ya estaba abierta; sentía que el corazón se le aceleraba sin motivo aparente y, casi por instinto, suavizó sus pasos.
Tan pronto dio un paso dentro de la mansión, se encontró con Luciano, quien estaba sentado en el sillón.
—Gracias, señor Fariña —dijo Roxana con tono distante al tiempo que bajaba la mirada.
No pensaba que el hombre fuese a decir algo, pero el hombre abrió la boca de manera inesperada diciendo:
—¿Gracias por qué?
Roxana no estaba segura de si esto era producto de su imaginación o no, pero la voz de Luciano parecía arrastrar algo de desprecio, lo que la hizo sentir toda una mezcla de emociones en su interior. La mujer parpadeó un poco y respondió:
—Por… permitirme pasar.
Dicho esto, Roxana levantó la mirada hacia él y le hizo otra solicitud.
—¿Puedo subir a ver a Ela? ¿Cómo está?
No obstante, tan pronto pronunció estas palabras, la mirada de Luciano se tornó tan sombría que ella misma pudo notarlo; su corazón se achicó.
—Señorita Jerez, estoy seguro de que es consciente del porqué no se le dejó pasar el día de hoy —dijo Luciano con un tono frío e indiferente.
Tras esto, Roxana empuñó ligeramente las manos que descansaban a sus costados.
«Por supuesto que sé la razón, Pero es precisamente porque soy consciente de mis acciones que ahora quiero enmendar mis errores. Lamentablemente, no parece querer darme la oportunidad».
Luciano, por su parte, continuó burlándose:
—Parece que la compañía del señor Dorante le ha servido para aprender nuevos trucos, ¿no es así, señorita Jerez?
Este comentario hizo que Roxana frunciera el ceño; estaba perpleja.