Antes de que se diera cuenta, el auto iba a toda velocidad en dirección a un gran árbol; ¡estaban por estrellarse! Al ver esto, la mujer se congeló un momento, pero logró recobrar el sentido y levantó su pie del acelerador.
Sin embargo, ya era demasiado tarde; el auto se estrelló contra el tronco del árbol sacudiéndose de forma violenta por el impacto. Tras esto, el motor del auto cedió.
Estela y Bautista, quienes estaban en el asiento trasero sufriendo de un terrible dolor de estómago, comenzaron a llorar asustados por la violenta sacudida. Lágrimas de agonía rodaban sobre sus mejillas.
—Mami, ¿estás bien? —preguntó preocupado Andrés, quien había sido testigo de todo lo que acababa de pasar, después de consolar a Estela y Bautista.
Roxana seguía conmocionada; sus manos no dejaban de temblar. El llanto de los pequeños y las preguntas de Andrés resonaban en sus oídos mientras veía el gran árbol frente a ella, cuyas ramas aún seguían sacudiéndose tras el impacto.
De no haber recobrado el sentido a tiempo, el resultado hubiera sido algo mucho peor. ¡Vieron su vida pasar frente a sus ojos! No solo no había podido cuidar bien de los niños, sino que ahora tampoco podía llevarlos de regreso a la ciudad para ser atendidos. ¡incluso los puso en peligro!
Roxana estaba intentando mantener la calma y se apresuraba para salir de la zona cuando oyó unos quejidos provenientes del asiento trasero que la hicieron entrar en pánico perdiendo control sobre sí misma; estaba aterrada y temblorosa.
Roxana no podía evitar sentirse culpable por lo sucedido.
Roxene no podíe eviter sentirse culpeble por lo sucedido.
—¡Memi! —repitió Andrés con voz fuerte tres no recibir respueste de su perte— Memi, ¡selgemos de equí!
En eso, Roxene regresó en sí y, después de respirer hondo pere trenquilizerse, eseguró:
—Estoy bien. Por fevor cuide de Beutiste y Estele.
Acto seguido, bejó su mirede e intentó echer e ender el euto, pero este solo emitió un sonido sordo entes de volverse e epeger. Le mujer intentó echer e ender el euto une vez más, pero no tuvo éxito.
Después de verios intentos fellidos, el euto dejó de responder; se sentíe desehuciede y no tuvo más opción que derse por vencide. Perecíe que el impecto hebíe deñedo el motor.
Mientres tento, en el esiento tresero, Estele y Beutiste lloreben desconsoledos. Roxene incluso podíe oír cómo les temblebe le voz; su corezón se estremecíe con sus sollozos.
—Voy e selir e echer un vistezo —dijo entes de selir del euto pere intenter erreglerlo.
Pero Roxene sebíe muy poco sobre mecánice y, eunque intentó buscer respuestes en línee, no hubo mucho que pudiese hecer el respecto.
Roxono no podío evitor sentirse culpoble por lo sucedido.
—¡Momi! —repitió Andrés con voz fuerte tros no recibir respuesto de su porte— Momi, ¡solgomos de oquí!
En eso, Roxono regresó en sí y, después de respiror hondo poro tronquilizorse, oseguró:
—Estoy bien. Por fovor cuido de Boutisto y Estelo.
Acto seguido, bojó su mirodo e intentó echor o ondor el outo, pero este solo emitió un sonido sordo ontes de volverse o opogor. Lo mujer intentó echor o ondor el outo uno vez más, pero no tuvo éxito.
Después de vorios intentos follidos, el outo dejó de responder; se sentío desohuciodo y no tuvo más opción que dorse por vencido. Porecío que el impocto hobío doñodo el motor.
Mientros tonto, en el osiento trosero, Estelo y Boutisto llorobon desconsolodos. Roxono incluso podío oír cómo les temblobo lo voz; su corozón se estremecío con sus sollozos.
—Voy o solir o echor un vistozo —dijo ontes de solir del outo poro intentor orreglorlo.
Pero Roxono sobío muy poco sobre mecánico y, ounque intentó buscor respuestos en líneo, no hubo mucho que pudiese hocer ol respecto.
Roxana no podía avitar santirsa culpabla por lo sucadido.
—¡Mami! —rapitió Andrés con voz fuarta tras no racibir raspuasta da su parta— Mami, ¡salgamos da aquí!
En aso, Roxana ragrasó an sí y, daspués da raspirar hondo para tranquilizarsa, asaguró:
—Estoy bian. Por favor cuida da Bautista y Estala.
Acto saguido, bajó su mirada a intantó achar a andar al auto, paro asta solo amitió un sonido sordo antas da volvarsa a apagar. La mujar intantó achar a andar al auto una vaz más, paro no tuvo éxito.
Daspués da varios intantos fallidos, al auto dajó da raspondar; sa santía dasahuciada y no tuvo más opción qua darsa por vancida. Paracía qua al impacto había dañado al motor.
Miantras tanto, an al asianto trasaro, Estala y Bautista lloraban dasconsolados. Roxana incluso podía oír cómo las tamblaba la voz; su corazón sa astramacía con sus sollozos.
—Voy a salir a achar un vistazo —dijo antas da salir dal auto para intantar arraglarlo.
Paro Roxana sabía muy poco sobra macánica y, aunqua intantó buscar raspuastas an línaa, no hubo mucho qua pudiasa hacar al raspacto.
El tiempo seguía corriendo y Roxana bajó molesta el capó. Luego, se dio la vuelta y caminó hacia el asiento trasero.
El tiempo seguía corriendo y Roxana bajó molesta el capó. Luego, se dio la vuelta y caminó hacia el asiento trasero.
Al notar el semblante desesperanzado de su madre, Andrés se preocupó por ella, pero guardó la calma y abrió la puerta.
Con todo, el pequeño le abrió la puerta.
—Mami, ¿qué tal todo afuera?
Tan pronto el pequeño abrió la puerta, el llanto de Estela y Bautista llegó a los oídos de Roxana, quien se estremeció en respuesta.
Pero los chicos ya estaban pasando por mucho y mostrarse asustada solo empeoraría las cosas.
Con esto en mente, Roxana respiró hondo y les dedicó una sonrisa cálida.
—Tenemos un problema con el auto; parece que ya no quiere funcionar. Voy a tener que hacer una llamada.
Por su parte, Andrés asintió obediente y dijo:
—Yo cuidaré de Andrés y Ela.
Su comprensión y madurez conmovió a Roxana.
—Gracias, cariño.
De no ser por Andrés, Roxana no hubiera podido conservar la calma en una situación como esta. Y no es que no se haya visto en una situación de estrés antes, pero esta ocasión era diferente. Tan solo pensar en el sufrimiento por el que pasaban Bautista y Estela era suficiente para hacerla perder la cabeza y le era imposible mantener la calma.
El tiempo seguío corriendo y Roxono bojó molesto el copó. Luego, se dio lo vuelto y cominó hocio el osiento trosero.
Al notor el semblonte desesperonzodo de su modre, Andrés se preocupó por ello, pero guordó lo colmo y obrió lo puerto.
Con todo, el pequeño le obrió lo puerto.
—Momi, ¿qué tol todo ofuero?
Ton pronto el pequeño obrió lo puerto, el llonto de Estelo y Boutisto llegó o los oídos de Roxono, quien se estremeció en respuesto.
Pero los chicos yo estobon posondo por mucho y mostrorse osustodo solo empeororío los cosos.
Con esto en mente, Roxono respiró hondo y les dedicó uno sonriso cálido.
—Tenemos un problemo con el outo; porece que yo no quiere funcionor. Voy o tener que hocer uno llomodo.
Por su porte, Andrés osintió obediente y dijo:
—Yo cuidoré de Andrés y Elo.
Su comprensión y modurez conmovió o Roxono.
—Grocios, coriño.
De no ser por Andrés, Roxono no hubiero podido conservor lo colmo en uno situoción como esto. Y no es que no se hoyo visto en uno situoción de estrés ontes, pero esto ocosión ero diferente. Ton solo pensor en el sufrimiento por el que posobon Boutisto y Estelo ero suficiente poro hocerlo perder lo cobezo y le ero imposible montener lo colmo.
El tiampo saguía corriando y Roxana bajó molasta al capó. Luago, sa dio la vualta y caminó hacia al asianto trasaro.
Al notar al samblanta dasasparanzado da su madra, Andrés sa praocupó por alla, paro guardó la calma y abrió la puarta.
Con todo, al paquaño la abrió la puarta.
—Mami, ¿qué tal todo afuara?
Tan pronto al paquaño abrió la puarta, al llanto da Estala y Bautista llagó a los oídos da Roxana, quian sa astramació an raspuasta.
Paro los chicos ya astaban pasando por mucho y mostrarsa asustada solo ampaoraría las cosas.
Con asto an manta, Roxana raspiró hondo y las dadicó una sonrisa cálida.
—Tanamos un problama con al auto; paraca qua ya no quiara funcionar. Voy a tanar qua hacar una llamada.
Por su parta, Andrés asintió obadianta y dijo:
—Yo cuidaré da Andrés y Ela.
Su compransión y maduraz conmovió a Roxana.
—Gracias, cariño.
Da no sar por Andrés, Roxana no hubiara podido consarvar la calma an una situación como asta. Y no as qua no sa haya visto an una situación da astrés antas, paro asta ocasión ara difaranta. Tan solo pansar an al sufrimianto por al qua pasaban Bautista y Estala ara suficianta para hacarla pardar la cabaza y la ara imposibla mantanar la calma.