Tras oír esto, Roxana y Magalí intercambiaron miradas sospechosas.

Habían consultado con todos los institutos de investigación de Horneros que desarrollaban ese tipo específico de bacteria y solo este último confirmó haber extraviado parte de uno de sus lotes.

Aunque ya había pasado un mes desde aquel incidente, Magalí sabía que, con los cuidados pertinentes, la bacteria permanecería viable, por lo que no dudó en preguntar:

—¿Cómo pasó eso? ¿Han obtenido alguna pista?

El investigador no les quedó a deber y respondió con franqueza:

—Es probable que uno de los investigadores se la llevara consigo.

Su respuesta confundió un poco a Magalí.

El investigador continuó:

—No tenemos evidencia tangible, pero estamos muy seguros de que así fue. Justo dos días después de que se extraviara, ese investigador renunció de la nada. No hemos oído nada de ella desde entonces…

Antes de que Magalí pudiera decir algo, Roxana se le adelantó y preguntó:

—¿Cuál es el nombre de esa investigadora?

El abrupto cambio de interlocutor tomó por sorpresa a la persona al otro lado de la línea, por lo que se tomó un momento para responder la pregunta.

—Su nombre es Nina Galindo.

Acto seguido, Roxana respondió: Entendido, gracias.

Magalí también agradeció al investigador y dijo:

—Te debo una comida la próxima vez que nos veamos.

Después de intercambiar algunos cumplidos, el hombre terminó la llamada.

Mientras Magalí guardaba su teléfono, ella y Roxana meditaban en las palabras del investigador; sus rostros se tornaron serios.

«Ya tenemos una pista y el nombre del empleado que robó la bacteria. Esto hará que nuestra investigación avance mucho más rápido. Además, tenemos a Bautista, nuestro hacker».

Las dos se miraron una a la otra con un plan en mente.

A continuación, Roxana bajó a la sala para hablar con Bautista.

—Mami, ¿qué pasa? —preguntó el niño confundido al tiempo que su madre lo guiaba al escritorio.

La mujer señaló la pantalla de la computadora y dijo:

—Necesito que me ayudes a encontrar información sobre esta persona.

Dicho esto, Bautista concentró su atención en la pantalla frente a él; su mirada se mostraba seria.

Roxana también compartió con el niño todo lo que sabía sobre Nina, pero no tardó en darse cuenta de que esa información no sería de gran ayuda para la investigación. Después de todo, lo único que sabía era que su nombre completo era Nina Galindo y que solía trabajar en ese instituto de investigación.

—No pasa nada si no encuentras nada sobre ella. Ya me las averiguaré —dijo, intentando no presionar demasiado al chico.

Pero Bautista la miró confundido y dijo:

—¿Y por qué no podría hacerlo?

Desde su punto de vista, Roxana le había dado más que suficiente información para realizar su búsqueda. Así, regresó su atención a la pantalla y comenzó a teclear con gran velocidad.

Un momento después, el pequeño logró hackear el servidor del instituto de investigación y recuperó toda la información relacionada con Nina. De ahí, se las arregló para averiguar las actividades más recientes de la mujer.

Luego, levantó su cabeza y miró a Roxana.

—Esta persona salió del país hace dos días. Mami, ¿necesitas algo de ella? Puedo ayudarte a localizarla —dijo el niño antes de regresar sus manitas al teclado.

La verdad era que ni Magalí ni Roxana supieron qué decir; estaban boquiabiertas. Sabían que Bautista era un experto en computadoras, pero esta era la primera vez que eran testigos de sus habilidades.

Al ver al pequeño listo para continuar escarbando por más información, Roxana regresó en sí y se apuró a decirle:

—Con eso está bien. No es necesario buscar más.

Bautista detuvo sus actividades con buen niño y preguntó:

—¿Por qué quieres investigar a esa mujer, mami?

Estaba claro que Roxana no le diría la verdad y se limitó a decir:

—Tengo unos asuntos que quiero me clarifique.

Dicho esto, echó un vistazo a la información que Bautista había encontrado sobre Nina.

«Esta información es más que suficiente para mí».

—Gracias, cariño —añadió mientras acariciaba la cabecita de Bautista.