—¿Entonces por qué insiste en que lo haces?
—Ni idea —respondió; estaba perpleja—. Ni siquiera lo conozco.
—Muy bien. Crisis evitada. Es hora de que desaparezcamos. —Sandra puso su brazo alrededor del de Bautista.
—Sí, de acuerdo —dijo Bautista mientras saludaba a Ariadna—. El jefe nos pidió que nos mantengamos cerca para protegerla, pero también que nos mantengamos fuera de vista. Así que, por eso nos iremos. —Acto seguido, se fueron corriendo.
Ariadna se quedó sin palabras mientras los veía desaparecer; ni siquiera tuvo tiempo de decir algo más. Ellos dos se parecían mucho a Valentín: aparecían y desaparecían de la nada. Se había quedado bastante desconcertada por todo el encuentro, por no decir otra cosa. Ariadna sacudió la cabeza y no les prestó más atención. Sin querer, antes de ir a la biblioteca, tiró a la basura la tarjeta con el nombre que le había dado Julián.
Por otro lado, Julián corrió muy rápido y se metió a la miniván que estaba estacionada frente a las puertas de la Universidad de Distrito Jade.
—¡Tu rostro! —gritó Graciela cuando él se quitó el tapabocas.
—No te preocupes; es solo un rasguño. —Le hizo un gesto de despreocupación.
Ver a Ariadna a plena luz del día lo dejó aún más asombrado que antes ya que, a cara descubierta, era incomparable con toda la industria del entretenimiento.
Aunque a Julián no le importó la lastimadura, Graciela, quien estaba a su lado, estaba prácticamente enloquecida.
—¿Quién te lo hizo? Tienes otra entrevista mañana. Esto no funcionará. Voy a tener que llamar a la policía de inmediato.
—No. ¡No lo hagas! —dijo mientras le sacaba el teléfono de la mano a su representante—. Nadie me golpeó. Me caí, eso es todo.
—¿De verdad? —Los ojos de Graciela se entrecerraron con duda, ya que no parecía una herida que se haya hecho el mismo y estaba claro que no fue producto de una caída.
—Sí. Me lastimé yo mismo. ¿Por qué mentiría con algo así?
No había manera de que confesara que dos muchachitas y un niño lo habían golpeado. Graciela no estaba muy convencida, pero el Julián que ella conocía no era de los que sufrían humillaciones en silencio. Si en verdad hubiera recibido una paliza, estaba segura de que él mismo hubiera ido a la policía mucho antes que ella. Eso parecía haberle aclarado las cosas.
—¿No dijiste que habías ido a buscar a la protagonista? ¿La encontraste?
—Lo hice.
—Entonces, ¿qué dijo la señorita Morales? —preguntó con un brillo en sus ojos.
Julián se recostó en el asiento.
—Dijo que se pondría en contacto conmigo en tres días, pero sabiendo que es mi fan y que voy a protagonizar esta película, estoy seguro de que estará dispuesta.
—Si fuera así, ¿por qué no aceptó allí mismo? —dijo con una ceja levantada.
—Porque… —Julián se hizo hacia adelante con la barbilla levantada—. Se hace la difícil.
No sería capaz de creer que una chica de la edad de Ariadna no conociera a un ídolo popular como él. Supuso que fingir ignorancia y ponerse violenta debía ser parte de un truco para llamar su atención.
Por su parte, Graciela lo miró con curiosidad. Tenía el presentimiento de que la verdad era muy diferente a lo que Julián describía.
—Si ese es el caso… —Graciela continuó recordándole sombríamente—: Al ser solo un ídolo y no todavía un actor reconocido, todavía dependes mucho de tus fanes. Por lo tanto, no debes entablar una relación con ella. Incluso si lo haces, no debes permitir que te sorprendan en una película.
—Entendido. —Julián le hizo un gesto para que se fuera—. Vamos a continuar. Tengo que ponerme hielo en la cara y luego estudiar el guion.
Al ver lo diligente que era, raro en él, Graciela no preguntó más y le pidió al chofer que conduzca.
Mientras esto sucedía, el recorrido de Violeta y Arón los había llevado a la biblioteca de la universidad.