Capítulo 1762:

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«¿Qué pasa?» Preguntó Brandon, con el rostro lleno de preocupación mientras acariciaba suavemente la mejilla de Janet.

Pero Janet no respondió. Permaneció acurrucada, abrazando con fuerza sus piernas dobladas.

Al no obtener ninguna palabra de ella, Brandon no se frustró. En lugar de eso, se limitó a estrecharla en un abrazo, abrazándola con ternura.

Al sentir que los hombros de Janet temblaban entre sus brazos, a Brandon se le hizo un nudo en la garganta y luchó por encontrar las palabras adecuadas.

En aquel momento, aparte de acariciarle suavemente la espalda, sintió que no había mucho más que pudiera hacer.

Al ver a Janet así, incluso las yemas de los dedos de Brandon empezaron a temblar. Tras una larga pausa, finalmente habló, con la voz teñida de un ligero temblor.

«¿Qué ha pasado? Dímelo, ¿vale? No tengas miedo; estoy aquí. Sea lo que sea, lo resolveremos juntos, ¿de acuerdo?».

Las reconfortantes palabras de Brandon resonaron en los oídos de Janet, pero ella se quedó quieta, dejando que la abrazara.

Aferraba con fuerza el papel arrugado, con los ojos fijos en los papeles esparcidos por el suelo, como si no fuera consciente de los intentos de Brandon por consolarla.

«Si no estás lista para hablar, no te presiones», dijo Brandon en voz baja, como si temiera asustarla. «Yo estoy aquí. Cuando estés lista para hablar, dímelo».

Brandon se quedó a su lado, ofreciéndole su consuelo, pero Janet permaneció en silencio.

Ladeando la cabeza, Brandon se fijó en los papeles esparcidos por el suelo y en el cuaderno sobre el escritorio cercano. Supuso que allí estaba la causa de la tristeza de Janet.

Volvió a mirar a Janet entre sus brazos y le acarició suavemente la cabeza. En tono tranquilizador, le preguntó: «¿Has vuelto a dibujar algo?».

Al oír la palabra «esbozar», los ojos vacíos de Janet parpadearon, como si se sintiera reconocida.

Al ver el cambio en su mirada, Brandon sintió que había dado en el blanco.

Bajó la mirada y vio el papel arrugado en la mano de Janet. Con una suave sonrisa, preguntó: «¿Te importa si le echo un vistazo?».

A pesar de su estado de ánimo sombrío, Janet abrió la mano y permitió que Brandon le cogiera con delicadeza el papel arrugado.

Brandon le dio a Janet una suave palmadita para reconfortarla y desdobló con cuidado la hoja arrugada. Mientras examinaba el boceto del diseño en el papel arrugado, sus cejas se fruncieron momentáneamente. Tras un breve silencio, sonrió y dijo: «Oye, ¿no es impresionante este dibujo?».

Los ojos de Janet mostraron un sutil parpadeo. Comprendió que las palabras de Brandon pretendían tranquilizarla.

Con una suave sonrisa, Brandon dobló cuidadosamente el papel arrugado y levantó con cuidado a Janet del suelo, acomodándola en el sofá cercano. Le pasó los dedos cariñosamente por el largo pelo y le dedicó una sonrisa reconfortante. «Aunque tus dibujos no sean tan alucinantes como antes, veo que has progresado mucho».

A pesar de sus alentadoras palabras, Janet permaneció en silencio, acurrucada en sus brazos como si él fuera su única fuente de apoyo en aquel momento.

«No pasa nada si ahora te cuesta un poco dibujar. Podemos ir paso a paso», le tranquilizó Brandon. «Y si te apetece, me encargaré de que el mejor diseñador del mundo sea tu mentor. Recuperarás tu mojo en un santiamén».

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