Capítulo 44 âTal vezâ¦â La voz de Amelia bajó mientras giraba ligeramente la cabeza, âSe necesita mucho tiempo para prepararse mentalmenteâ. Esa tranquila frase, sin embargo, encendió un brillo feroz en los ojos de Dorian, Con sus largos dedos, él le sujetó la barbilla, forzándola a mirarlo. â¿Hace más de medio año que te estás preparando?â, preguntó con una voz tan frÃa que daba miedo. No habÃa olvidado el dÃa que ella recibió la llamada de aceptación del Instituto Federal de TecnologÃa de Zúrich y cuando le preguntó desde cuándo se estaba preparando, ella dijo que habÃa sido desde medio año atrás. Amelia asintió levemente en señal de confirmación. Dorian no dijo nada, simplemente la miró sin expresión, su nuez de Adán moviéndose violentamente al ritmo de sus emociones fluctuantes. Sin decir palabra, la miró con el rostro inmutable. Ella no entendia por qué él queria revivir esos viejos asuntos. No es que le hubiera ocultado el divorcio, ni que se hubiera escapado. Desde el principio, ella le habÃa hablado con calma sobre querer divorciarse y él habÃa estado de acuerdo. Ni siquiera le habia preguntado por qué o exigido explicaciones. Un simple âestá bien habÃa terminado su matrimonio, con una resolución que incluso ella admitÃa que era más decisiva que la suya. Después, cuando se encontraron en su vecindario y él supo que ella habÃa estado contemplando el divorcio desde hace medio año, fue él quien dijo con desenfado âcuidateâ antes de marcharse, dejando atrás una silueta igualmente resuelta y sin rastro de vacilación. Incluso el dÃa que ella se fue, cuando se encontraron en el aeropuerto, ella abajo y él arriba, la observaba con una mirada tranquila y desconocida, sin un ápice de nostalgia o preocupación. Ahora, a solo un poco más de un mes de distancia, ella no entendÃa cómo de repente Dorian habÃa comenzado a desenterrar el pasado. ¿SerÃa por el niño? Inconscientemente, su mano se posó sobre el aún plano vientre. Amelia descubrió que todos los cambios parecÃan haber comenzado después de que él se enteró de su embarazo. Dorian se fijó en dónde habÃa caÃdo su mano y la miró.. âNo tiene nada que ver con el niño, dijo, su mirada se detuvo en la barbilla que aún sostenÃa y luego soltó su mano. âLo siento, dijo, recuperando la calma habitual. âNo hay problema, Amelia respondió suavemente, bajando la mirada sin verlo. âVe a descansar a tu habitación. Te llamaré cuando la cena esté lista, dijo arreglando el cabello desordenado de ella. Amelia simplemente asintió con docilidad: âEstá bien.â Dorian observó cómo se dirigÃa a su habitación y esperó hasta que la puerta se cerró para finalmente apartar la mirada. El resplandor del atardecer se filtraba a través de la ventana. Amélia estaba de pie frente a ella, mirando la calle aún extraña afuera. Los labios todavÃa retenÃan el aliento dejado por Dorian hace un momento. Y en sus oÃdos aún resonaba la respiración pesada y enojada de él. Ella en realidad no lo entendÃa muy bien. Ãl era demasiado tranquilo y compuesto, no era común verlo mostrar tales emociones. Estaba un poco confundida por su repentino cambio de humor. Ese no era el Dorian que ella conocÃa. Pero tampoco iba a asumir presuntuosamente que era una realización tardÃa de parte de él. No tenÃan esa base emocional. Una vez más, su mano se posó inconscientemente sobre su vientre. Amelia sentia que el camblo de Dorian habla comenzado con el conocimiento de la existencia del niño. Ãl siempre habÃa querido niños y naturalmente, no querrÃa que el suyo creciera en un hogar incompleto. Su celular sonó con una videollamada de WhatsApp. Miró y vio que era Frida quien llamaba Presionó el botón para responder. â¿Tan tarde y aún despierta?â, preguntó Amelia, echando un vistazo al reloj. A esa hora, ya era medianoche en su paÃs de origen. Frida bostezaba: â¿Quién tiene tiempo para dormir? He estado muy ocupada últimamente, justo terminé de discutir unos detalles del contrato.â Amelia frunció el ceño: ¿Que contrato te tiene trabajando hasta tan tarde?â âEs que el Hotel Esencia se va a instalar en nuestro barrio comercial. Frida se quejó sin filtro y acto seguido, recordó que habia mencionado a Dorian frente a Amelia. Instintivamente, cerró la boca y se dio una palmadita en los labios, recordando la advertencia que Amelia le habÃa dado cuando hablaron, pues no querÃa seguir sabiendo de la vida de Dorian. Ella no pudo evitar reirse ante la expresión de frustración de Frida: âNo te preocupes, sigue hablando.â Luego le pregunto: â¿TodavÃa no han cerrado ese proyecto?â Su amiga respondió: â¿Tú crees que es tan fácil? Llevamos dÃas peleando por el contrato, yendo y viniendo con las modificaciones. Ese Dorian es muy complicado, no, es su departamento legal el que es un dolor de cabeza.â Tras quejarse, Frida no pudo evitar hacer un puchero y mirarla: âPensaba hablar directo con él y ver si podia conseguir que me hiciera un favor, para hacer los cambios al instante, asi ambos lados nos ahorrarÃamos dolores de cabeza. Pero ese hombre desapareció, no sé a dónde fue. He ido a su empresa varias veces y nada, ni rastro. Pregunté a Yael y no me dice nada, solo que está de viaje y no sabe cuándo vuelve. A este ritmo, el contrato no va a estar listo ni para cuando nazca tu bebé. Después de hablar, Frida la miró con preocupación: âOye, ¿cómo has estado con los mareos del embarazo? He estado. tan ocupada que me olvidé de preguntarte.â âNo te preocupes por mÃ, estoy bien,â Amelia la tranquilizó rápidamente. âMás bien cuÃdate tú, con eso de trasnocharte tanto âTranquila, aún soy joven, dijo Frida bostezando mientras se levantaba. âMañana volveré a buscar al tal Yael a ver si puedo esperar a que Dorian llegue a la oficina. El departamento legal de ellos es muy testarudo, pero el nuestro tampoco se queda atrás y yo aquÃ, como si fuera un sandwich, apretada por ambos lados.â Amelia la miró con una expresión de preocupación ante su evidente cansancio: â¿Por qué no me mandas el contrato? Se lo puedo mostrar a Dorian, está en Zúrich.â â¿Qué?â Frida se sorprendió tanto que se le cortó el bostezo. â¿Dorian se fue a Zúrich?â âNo, el vino aquà de trabajo y nos encontramos por casualidad, aclaró Amelia en voz baja. âVaya coincidencia, con lo grande que es Europa y se encuentran ahi, dijo Frida con resignación y una sonrisa. Al mirar la pantalla de su teléfono, se dio cuenta de que el fondo detrás de Amelia no era el de su casa y se quedó sorprendida. âEspera. ¿no estarás con Dorian ahora mismo?â Amelia dudo por un momento y luego asintió. âEstoy quedándome aquà temporalmente. Ãl se enteró de que estoy embarazada, agregó Amelia en un susurro. Frida no supo qué decir. Como lo descubrió? Eso fue rápido, no será que te puso un rastreador o algo?â Capitulo 44 Ella se rÃo. âÃl no tiene tiempo para esas cosas. Fue una coincidencia, pero ya sabes, él es muy observador y es imposible escoriderle algo.â Su amiga asintió entendiendo: âTiene sentido. ¿Y qué van a hacer ahora?â, pregunto. â¿Vas a tener al bebé y criarlo juntos o van a volver a casarse?â âNo lo sé, Amelia suspiro. âVoy a ir paso a paso. Pero volver a casaros definitivamente no, no somos compatibles.â Fuera de la puerta, Dorian se detuvo con la mano en el aire, listo para tocar Acababa de terminar de preparar la cena y se disponÃa a llamar a Amelia para comer. No se esperaba escuchar su conversación telefónica. Miró la puerta cerrada y sus dedos flaquearon, sin llegar a tocarla. No habÃa tenido la intención de escuchar la llamada, pero inesperadamente se encontró con ella. âNo somos compatibles.â La voz suave y única de Amelia resonaba en su mente y Dorian no sabÃa a qué se referÃa con esa incompatibilidad. Pero la ira que habia logrado calmar se agitó nuevamente con esas palabras. Giró ligeramente la cabeza, intentando controlar las emociones que surgÃan en su pecho. La conversación dentro de la habitación continuaba y la voz de Frida, amplificada por el altavoz del teléfono, se filtraba a través de la puerta: âNo te preocupes, piensalo bien. Apoyaré cualquier decisión que tomes. Si decides tener al niño, estaré ahi para ayudarte a criarlo y si decides lo contrario, respetaré tu decisión. No cargues con esa culpa.â âClaro, lo voy a pensar bien, no te preocupes por mi.â La voz de Amelia se escuchaba al otro lado de la lÃnea, âMándame el contrato, le preguntaré a alguien para ver qué opina.â âEstá bien.â Dorian suspiró profundamente y tras un momento de silencio, tocó la puerta de la habitación. Amelia ya habÃa colgado el teléfono y estaba revisando el contrato que Frida le habÃa enviado. Al escuchar que tocaban, volteó a ver hacia la puerta y se levantó para abrir. Dorian estaba ahÃ, en la entrada.
âVamos a comer algo.â Dijo él. Ella asintió: âVale.â Apagó su celular y salió con él. La comida ya estaba servida en la mesa. Dorian le sirvió sopa y al pasársela, ella se levantó instintivamente para tomarla: âDéjame hacerlo.â Dorian esquivó su mano extendida. âYo me encargo.â Finalmente, sin dejar que ella la tocara, colocó el plato de sopa frente a ella y luego le sirvió un plato de comida. âGracias.â Dijo cortésmente. Dorian no respondió, se sirvió su propia sopa y se sentó frente a ella. Amelia claramente sentia que la tensión que Dorian traÃa desde el auto esa tarde aún no se habÃa disipado. Abrió la boca para hablar, pero al ver su rostro sereno y apuesto, guardó silencio nuevamente, tomando la cuchara para sorber la sopo poco a poco. Dorian también tomaba su sopa en silencio, sin decir palabra. Fila no estaba acostumbrada a ese tipo de Interacción que parecla una guerra frÃa. Después de un rato en silencio, levantó la vista hacia él: â¿Qué te pasó hoy? ¿Hice algo mal? ¿Dlje algo que no debÃa?â Ãl la miró: âNo tiene que ver contigo, es mi problema.â Amelia movió la cabeza de lado a lado, su cuchara mezclaba la sopa sin mucho Interés y luego lo miró: â¿Te molesta que mencione a Amanda? Parece que todos tus cambios de humor empezaron con ella. Si no te gusta, no la mencionaré nunca más, pero no te quedes callado asÃ, me hace sentir incómoda sin saber cómo actuar contigo.â La manc de Dorian que sostenÃa la cuchara se detuvo por un momento, luego levantó la vista calmadamente hacia ella: âDe verdad no me gusta que hables de Amanda, no la menciones más,â La chica asintió levemente: âEstá bien.â Pero su sumisión no pareció aliviar la tensión en Dorian, esa atmósfera pesada aún estaba presente. Asà que lo miró con algo de desconcierto: â¿Hay algo más?â Dorian la miró y justo cuando ella penso que él responderÃa con su habitual ânadaâ, él habló con voz suave: âNosotros dos, ¿dónde no encajamos?â