Capítulo 258 Admiración por Liliana

Lihana acarició a Josué.

-¡No te preocupes! ¡Estoy aquí!

Zacarias, que sostenia la cámara, también se congeló. Solo Ana estaba confundida por la situación.

-¿Qué?

¿Qué pasa? ¿Qué está pasando? ¿No es solo una puerta abierta?».

Antonio frunció el ceño al sentir frío. Susurro:

-¿Liliana?

-No te preocupes, tio Antonio. El maestro está aquí, estaremos bien -dijo Liliana.

Al escuchar que Pablo estaba cerca, Antonio se sintió aliviado. Sin embargo, vio a Zacarías lanzar de repente la cámara hacia él mientras tartamudeaba:

-Ti… Tio An… Antonio, toma esto….

Antonio pensó mientras miraba la cámara.

La cámara de Josué es en verdad especial. Después de todo, Zacarías es solo un niño, por lo que es comprensible si tiene miedo…

La pantalla de la cámara estaba llena de gente. Una familia estaba de pie, en silencio, junto a la puerta que acababa de abrirse con un chirrido. Sus rostros estaban pálidos y miraban al equipo. Los dedos de Antonio temblaron un poco. Liliana condujo a todos escaleras arriba, todos estaban petrificados excepto Ana.

—Liliana, ¿cuánto tiempo más tenemos que subir? No es nada divertido, aquí no hay nada. Estoy tan cansada, no puedo escalar… -Ana se quejó.

-¡Ya llegamos! -exclamó Liliana.

Llegaron de nuevo a la puerta de la Unidad 602. La puerta se abrió en algún momento. Los talismanes emitieron algunos sonidos cuando sopló el viento. De repente, Josué escuchó el sonido de las campanas.

Ding… ding…

-Entremos dijo Liliana.

-Yo… no tendré que entrar, ¿verdad? -preguntó Josué.

Liliana asintió.

-Entonces nos esperarás fuera.

Josué echó un vistazo y varias figuras flotantes estaban en el pasillo. Todas miraban directo a la Unidad 602. Una anciana con voz ronca dijo:

13

Pequeña señorita…

Josue sintió escalofrios en la espalda:

–Olvidalo, yo también entraré. Seguiré a donde vaya Liliana…

Zacarias no dijo una palabra desde el momento en que entraron en el Edificio 7 Josué lo admiraba desde el tondo de su corazón. Su primo era tan tranquilo que subestimaba a Zacarías. Solo Ana, que no sabía nada, dijo:

-Está muy oscuro adentro. Me temo que hay ratas.

-Ahora las ratas son el problema?».

Josué gritó en su corazón.

Según la abuelita, los espiritus de esta casa debían ser los espiritus de los malos».

Liliana lo consoló:

-No te preocupes. Este es un edificio vacio, no habrá ratas.

Las mesas y las sillas estaban desordenadas y con las patas rotas. Parecía como si hubiera sucedido antes una pelea, también había cosas esparcidas por el suelo. Sin embargo, al final del salón, una mesa se mantenia firme. Cuatro objetos estaban colocados encima y había una silueta negra delante de ella. Josué miró rápido a su alrededor.

Qué extraño, aqui no hay fantasmas.

La red trampa para fantasmas que colocó cerca de la entrada emitia pitidos de vez en cuando, pero no habia nada dentro.

Algo salió mal mientras la creaba? Es bueno que no haya fantasmas adentro.

Josué se sintió un poco aliviado.

¡Wush!

Las cortinas se abrieron de repente. Josué saltó asustado a los brazos de Antonio,

-¡Argh! ¡Papá, papá, papá!

Todos se sobresaltaron cuando vieron una pequeña silueta junto a la ventana.

iSoy yo! -exclamó Liliana.

-Nos has dado un susto de muerte

Se cubrieron el rostro ya que había mucho polvo de las cortinas. Por fin vieron lo que habia sobre la mesa con las tenues luces del exterior. Cuatro pequeñas lápidas estaban sobre la mesa en silencio bajo la luz de la luna, Un plato de manzanas rojas brillantes se colocó delante de ellos.

¿Qué maldito enfermo puso esto aquí? -preguntó Josué enfadado.

23

La expresión de Ana cambió poco a poco.

-Solo… solo los muertos teman lápidas.

Temblo y se agarró a los brazos de Zacarías.

-Zar, tengo miedo!

-iNo… no tires de mi! ¡Yo también!

Pablo flotó junto a ellos y le indicó:

-Liliana, retira las lápidas.

-iDe acuerdo!

Ella pisó una silla rota, pero seguia sin poder alcanzarla. Antonio se adelantó de inmediato para ayudarla. Por accidente apuntó la linterna al techo. ¡Cuatro rostros los miraban con una sonrisa malvada y se abalanzaron hacia ellos! Todos gritaron.

-¡Demonios! ¡Argh!

-¡Papá! ¡Lili!

-¡Ahh! ¡Ayúdame. Liliana!

Liliana lanzó la brújula y la red espirituales de contención. La brújula suprimió los dos rostros, y la red de contención atrapó a uno de ellos. Uno se escabulló con astucia y corrió hacia la puerta.

-¿A dónde vas? -gritó Liliana y le dio un pisotón.

El rostro gritó y se hizo un ovillo.

-¡Huye si tienes agallas! -dijo Liliana con arrogancia.

Josué, Zacarias y Ana estaban atónitos por las acciones heroicas de Liliana.