Capítulo 281 Sus manos están temblando

Beatriz subió hasta la cima del edificio y vio a Liliana.

La canasta de bambú era grande y Liliana estaba recostada de espaldas. Un lado de la canasta de bambú le cubría la cabeza, y el otro lado reposaba sobre su estómago. En cuanto Liliana se giró y dobló la pierna se encontró debajo de la canasta.

Beatriz abrió la canasta de bambú con cuidado, le tocó la frente, desesperada, y se sintió aliviada después de asegurarse de que Liliana no tenía fiebre.

En ese momento, Antonio se despertó. Se frotó las cejas y dijo:

-¿Mamá?

Miro alrededor y se dio cuenta de que Julieta había desaparecido. Julieta regresó a la jarra de almas al amanecer. Eduardo se levantó con un gruñido y miró alrededor en pánico.

-¿Mamá está aquí? ¡Vámonos!

Beatriz le dio una palmada sarcástica y le pegó en la cabeza. Eduardo se abrazó la cabeza. Todos se despertaron y cuando vieron a Beatriz parada en frente de ellos, agresiva, se quedaron impactados por un

momento.

Dijeron a prisa:”

-Mamá, ¿por qué estás aquí?

¿Era posible que una mujer vieja subiera tan alto?

Beatriz se rio enojada:

-Todavía tienen las agallas de preguntar. ¿Cuántos años creen que tiene Liliana? ¿Por qué se la trajeron al techo?

Liliana se despertó por la voz de Beatriz, pero se sentía adormilada. Solo habían pasado las seis de la mañana, y casi siempre estaba dormida a esa hora, así que estaba confundida.

Liliana estiró las manos y gritó:

iSalud! Tio Antonio, iquiero una copa de vino!

Después de hablar, miró a Beatriz en blanco. ¿Por qué estaba su abuela ahí? Liliana se enterró entre los brazos de Beatriz y se quedó dormida. Beatriz agachó la cabeza, su expresión no fue clara, pero parecia estar planeando algo. Los tíos de Liliana se quedaron sin palabras.

¡Estamos fritos! ¡Estamos fritos!»

Eduardo caminó de puntas y fue el primero en escapar de la ira de Beatriz. La expresión de Antonio no cambió. Siguió a Eduardo como si nada hubiera pasado, Beatriz dijo con severidad:

-Todos dejen de moverse!/

No se atrevieron a hacer un sonido. Diez minutos después, Liliana fue llevada a su habitación y se acostó cómodamente en su cama. Los tíos de Liliana agacharon las cabezas y se pararon en una fila. Beatriz salió y cerró la puerta, y los vio con las manos detrás de la espada.

-¿Quién fue el lider? -preguntó.

Todos miraron a Antonio al mismo tiempo. Antonio, quien se adjudicó la culpa, se quedó en silencio.

«¿No debió haber buscado Julieta a Jonás primero?».

Tosió y su voz fue profunda:

-Mamá, déjame explicar…

Beatriz se quedó mirándolo.

-¡No voy a escuchar!

Antonio estaba en silencio. Se quedó sin palabras ante la falta de razonamiento de la mujer. Con el tiempo, todos fueron castigados por Beatriz a hacer mil lagartijas en la

puerta.

Cuando Liliana se levantó, se sorprendió de ver a Eduardo y a los demás tirados en la puerta como peces muertos. Se agarró del barandal del segundo piso y saludó con la mano, luego, los saludó:

-Hola, tío Antonio, tío Luis, tío Jonás, tío Eduardo y tío Gilberto, ia dónde van?

En teoría, quinientas lagartijas llevarían una hora, así que sus tíos habían hecho lagartijas por dos horas. Después de eso, se rehusaron a hacer cualquier tipo de deporte. Ni siquiera tuvieron la fuerza de levantar los brazos después de ver que Liliana los saludó.

PAS A

Poli se paró en sobre el barandal del balcón, sacudiendo el cuello y contando:

-Novecientos noventa y ocho, novecientos noventa y nueve, lochocientos! Ochocientos uno, ochocientos

dos…

Los tíos de Liliana estaban exhaustos. Liliana se puso los zapatos y corrió hacia su tío. Antonio se obligó a sonreír.

-Liliana, ¿por qué estás despierta tan temprano?

Liliana miró al cielo:

-No es temprano, ya salió el sol. ¿Están haciendo ejercicio ahora?

Jonás miró al cielo y no quiso mover un dedo. Dijo:

-Es correcto… Estamos haciendo un ejercicio extremo para perder peso.

Eduardo levantó su ropa y se limpió la cara.

-Nuestros músculos se están poniendo más firmes

Gilberto agregó:

No creo que pueda hacer ninguna cirugía después de esto.

Fue bueno que tomara sus vacaciones anuales y sus cinco días de vacaciones, de otro modo, no habría podido hacer las cosas bien de haber trabajado. Liliana escuchó que sus tíos se levantaron temprano para hacer ejercicio y se emocionó.

-¡Yo también quiero hacerlo! -Estiró la mano y saludó.

-Tio Antonio, tío Luis, tio Jonás, tio Eduardo y tío Gilberto, isíganme! ¡Izquierda! ¡Derecha! ilzquierda! ¡Derecha! Giren, ivamos!

Estaban petrificados. Liliana estaba haciendo el baile del conejo que había aprendido en el jardín de niños. Cuando vio que sus tíos seguían acostados, de inmediato les instruyó de forma infantil:

-¡Párense rápido, tios! ¡No seas flojo, tio Luis! ¡Tio Jonás, tío Eduardo, ya no se acuesten! Lo estás haciendo mal, tio Gilberto, itienes que mover la cadera así!

Braulio regresó de afuera con una apariencia fresca y estaba sonriendo. Tomó a Liliana y le preguntó:

-¿Ya comiste?

Liliana abrazó el cuello de Braulio.

-Estamos haciendo ejercicio ahora, papi. No podemos comer antes de terminar con nuestros ejercicios.

Braulio miró a Antonio y a los demás y preguntó:

-¿Comiste primero y luego hiciste ejercicio, o al revés, en el jardín de niños?

Liliana se quedó atónita por un momento. Luego dijo:

-Casi siempre comemos primero y hacemos ejercicio después.

Braulio se rio.

-Es correcto. Vamos a comer.

Liliana caminó junto a su padre y asintió.

-Tio Antonio, tío Luis, tío Jonás, tío Eduardo y tío Gilberto, icomamos primero!

Todos soltaron un respiro de alivio. Estaban al límite; no cualquiera podía hacer mil lagartijas. Beatriz era cruel y se tomaba sus castigos muy en serio. Braulio regresó la mirada y dijo:

-¿Por qué están tan débiles todos ustedes?

Eduardo pensó para sí mismo:

¡Qué diablos!».

Las manos de los tios de Liliana temblaban mientras comían. Eduardo tenía hambre, sus manos temblaban mientras comía. Sus cubiertos no dejaban de chocar contra el plato. Liliana estaba confundida.

-Tio Eduardo, ¿estás bien? -Liliana miró a Eduardo, preocupada.

Eduardo respondió mientras seguía golpeando el plato:

-Estoy bien.

Liliana se veía simpática. Pensaba que Eduardo tenía la enfermedad de Parkinson a una edad muy joven. Solo había visto las manos de los ancianos y de los fantasmas viejos temblar asi. Liliana tomó una berenjena y dijo:

-No te preocupes, tio Eduardo, iyo te alimentaré! iyo cuidaré de ti!

Eduardo se conmovió mucho. Después de comer un bocado de lo que Liliana le dio, sintió que fue delicioso. Miró a los demás con orgullo, como si les dijera que ganó en la vida. Entonces, escuchó a Liliana

comentar:

-Tio Eduardo, ivas a poder moverte en el futuro?

Eduardo quiso molestarla y le preguntó:

-Bueno, de no ser ese el caso, ime seguirías cuidando?

Liliana parpadeó en blanco.

-Tio Eduardo, ino babearías y necesitarias usar pañales también?

Justo como el anciano de la Familia Rojas. Jonás sonrió.

-Si.

Liliana le dio una palmada a la cabeza de Eduardo, reconfortándolo.

-No te preocupes, tío Eduardo, yo te cambiaré los pañales y te alimentaré.

Eduardo se ahogó con la berenjena y de repente sintió que ya no era deliciosa.

¿Cómo es que la conversación se transformó en eso?».