Capítulo 294 Encuentro con un fantasma
La anciana estaba muy dolida y sentia pena por su hija. Sin embargo, su hijo aún no se había. casado y su pareja quería un patrimonio de doscientos mil. Si Clara no le ayudaba, ¿qué pasaría con el matrimonio de su hijo?
Le vino a la mente una historia; el hijo mayor de una anciana vendía paraguas y el menor, sal. A la anciana le preocupaba que nadie comprara los paraguas que vendía su hijo mayor si hacía buen tiempo. Al mismo tiempo, también le preocupaba que su hijo menor no pudiera vender sal si llovia.
La madre de Clara se sentía como la anciana del cuento, ya que le preocupaba que su hija se divorciara y que su hijo no pudiera casarse si su hija no le ayudaba con el patrimonio. La madre de Clara sufría mucho.
La anciana se secaba las lágrimas en su habitación mientras su marido seguía quejándose. Culpaba a su hija de no estar dispuesta a gastar dinero en él y de no saber cuidar de su hermano… Los hermanos discutían sobre dinero en la sala de estar.
El fantasma insensato que se aferraba al anciano se estiraba con comodidad mientras tarareaba una melodía. Cuanto más tarareaba, más feliz se sentía. A los espíritus malignos les resultaba dificil encontrar un anfitrión.
Tuvo la suerte de toparse con un puñado de ellos. Resultó que encontró una familia de tontos y ipodría vivir con comodidad el resto de su vida! El fantasma insensato se estiró y rodeó con sus pies la cabeza del hombre. Estaba listo para aferrarse a su próximo huésped,
Clara.
Después de la muerte del anciano, quería adherirse a Clara, a la que ya llenaba de una mala aura. Cuando la tocó, ¡escuchó un chisporroteo! El insensato fantasma retiró la mano, vio el talismán y se burló.
-Parece que fui el blanco de un sacerdote. Ja, ja, ja, ino me atraparán con tanta facilidad!
¡No te tengo miedo!».
El fantasma insensato tomó el talismán y sopló sobre él.
Clara y Caleb no pudieron llegar a un acuerdo, así que ella agarró su bolso y se marchó. Vivia en casa de sus padres mientras decidía si comprar un lote para enterrar a su padre.
Cuando el anciano salió del hospital, ella iba a menudo a cocinar para él. Caleb no tenía dinero para comprar verduras, así que comía con sus padres. Temía que su madre no pudiera permitirse comprar buena comida y que su padre no comiera bien.
La mujer pensó en su hija de tres años, a la que había ignorado durante mucho tiempo…
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Antes de las vacaciones de su hija, la llevaba a la guarderia por la mañana, iba a trabajar durante el dia y volvia corriendo a casa de sus padres al mediodía y por la noche para cocinarles. Durante las vacaciones, Clara no podia ocuparse de ella, así que envió a su hija al campo con sus abuelos.
Ella se sacrificaba mucho, pero los miembros de su familia lo daban por sentado. Clara no podía dejar de llorar al pensar en esto. Su casa estaba a unas manzanas de la de sus padres.
Clara estaba disgustada y no queria llevarse el auto, asi que se fue caminando a casa de mal. humor. Por lo regular, escuchaba el ruido de los autos. Sin embargo, Clara sintió algo raro. La zona estaba tranquila, no había peatones ni autos.
Avenida Ocaso era una carretera frente a la comunidad, y esa comunidad estaba situada entre Rio Hormigón y Avenida Ocaso. No había escuelas ni centros comerciales, por lo que uno se encontraba con muy poca gente por la noche. No obstante, había un semáforo en Avenida Ocaso. Por lo regular se podían encontrar algunos autos alrededor, pero en ese momento no habia ninguno.
Clara se dio cuenta de que este día era el Festival Fantasmal y sintió miedo. En ese momento, una ráfaga de viento sopló y le acarició el cabello. ¡Se dio cuenta de que tenía la mano cubierta de hollín! Clara estaba tan asustada que su rostro palideció, sacó el teléfono y llamó a su marido.
-E…Estoy en Avenida Ocaso, ¿puedes recogerme…?
Su marido contestó con indiferencia:
-No tengo tiempo, estoy en una reunión. -Después colgó el teléfono.
Clara sintió que le dolía el corazón y se le salieron las lágrimas. Antes de que su padre tuviera cáncer, un pariente le dijo que no debía preocuparse solo de su propia familia después de casarse, y descuidar a sus padres. Clara ya lo sabía. Su padre debió de quejarse de su dolor delante de sus parientes.
Así que llevó a su padre a hacerse análisis y descubrió que tenía cáncer. En ese momento, se quedó atónita y se culpó por ello… Más tarde, se ocupó de sus padres, pero su marido estaba cada vez más descontento con ella porque descuidaba a su familia. Clara no sabía por qué había sido así. Era como si nunca pudiera hacer las cosas bien.
Uno de los tabúes del Festival Fantasmal era no llorar en la carretera en mitad de la noche. Clara no sabía sobre esto y fue abrumada por el fantasma insensato. En consecuencia, la mujer también atrajo a unos cuantos fantasmas más.
Clonc… Clonc…
Pudo escuchar el sonido de unos tacones altos detrás de ella. Clara volteó hacia atrás pero no pudo ver nada… Imposible, ella escuchó el sonido hace un momento. En ese momento,
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escuchó a una mujer riéndose cerca de su oído. Clara no se atrevió a ver atrás. Corrió hacia su casa presa del miedo.
Por mucho que corriera, seguía escuchando el ruido de unos tacones detrás de ella. En el cruce había un semáforo en rojo. Clara dejó de correr y sintió una mano en el hombro.
La sintió sin girar la cabeza. Sentía como si alguien estuviera recargado sobre su espalda y su rostro se estirara sobre su hombro… Clara se quedó rígida. Ignoró las luces rojas y salió corriendo a toda velocidad. Se escuchó un sonido desgarrador y un autobús apareció de la nada y la atropelló. Clara gritó…
Eran las tres y media de la madrugada. El marido de Clara se dio cuenta de que ella no había regresado a casa al terminar de trabajar. Estaba enfadado con ella, así que decidió no prestarle atención. Sin embargo, se preocupó cuando Clara siguió sin llegar después de las
tres.
Empezó a llamar a la mujer, pero no conseguía localizarla. El marido de Clara se sintió inquieto y salió corriendo a buscarla. Sin embargo, cuando llegó a Avenida Ocaso, vio a Clara inconsciente a un lado de la carretera. No pudo ver a los cuatro o cinco fantasmas que yacian sobre el cuerpo de Clara mientras la roían.
-¡Clara!
El esposo la ayudó a levantarse. Al principio pensó que la había atropellado un auto. Pero entonces, vio que el rostro de Clara se oscurecía y lo veía de frente cuando abrió los ojos. El hombre se asustó tanto que la dejó caer.
¡Pas!
Clara se estrelló contra la banqueta. Produjo un estremecedor sonido de madera golpeando el suelo. Incluso sonó como cubitos de hielo golpeando el suelo, lo que hizo que la gente se encogiera al escucharlo.
El marido de Clara se arrepintió de haberla tirado al suelo. Cuando vio más de cerca, Clara seguía con la mirada fija en él. El hombre se quedó estupefacto. Permaneció inmóvil y escuchó que alguien lo llamaba vagamente por su nombre.
Decía su nombre una y otra vez a medida que se acercaba. No creía en fantasmas. Asi giró la cabeza y notó un rostro que le devolvía la mirada. Estaba tan cerca que no supo si era hombre o mujer. Solo tenía una extraña sonrisa.
que