Capítulo 295 ¡Atrapemos fantasmas!

El marido de Clara gimió, con el rostro desencajado y arrastró a Clara hacia el puente… Un accidente estaba a punto de ocurrir.

Justo cuando estaban a punto de saltar del puente, un vehiculo aceleró a toda velocidad y se detuvo junto a ellos. Una pequeña figura saltó del auto y lanzó un talismán mientras corría.

¡Zas!

Hubo llamas verdes acompañadas de varios chillidos. El marido de Clara fue el primero en puente con recobrar el conocimiento. Estaba de pie en el Clara en brazos como si estuviera a punto de arrojarla al río.

Tenía la espalda empapada de sudor frío y arrastró al instante a Clara hacia atrás. Se dio la vuelta y vio a un niño y una niña de pie detrás de él. El niño parecía tener unos siete años y niña cuatro.

El niño gritaba:

-Liliana, espérame… espérame…

El marido de Clara estaba atónito. Se sentía entumecido y tenía la piel de gallina por todo el

cuerpo.

La niña lo consoló:

-No se asuste, señor. No soy un fantasma.

Un hombre alto bajó del auto con una red de pescar en la mano y armó un gran alboroto.

-¿Pudiste llegar a tiempo? -preguntó.

La niña respondió:

-¡Sí!

El niño volvió a preguntar:

¿Hay más fantasmas, Liliana?

Parecía que solo le interesaban los fantasmas. El marido de Clara se quedó perplejo y preguntó:

-¿Quién eres?

la

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Braulio movió la comisura de los labios y dijo en tono despreocupado:

-Dudo que creas una palabra, pero vinimos a pescar.

El marido de Clara estaba confundido.

-¿Por qué iba alguien a pescar de noche? ¡No me lo creo!».

Liliana se puso en cuclillas junto a Clara y le dio unos golpecitos en la cabeza.

iToc! ¡Toc! Toc!

-¡Guau, tiene la cabeza dura!

Todos guardaron silencio. Ella murmuró:

-El gallo dorado canta y el cielo está brillante. Los gallos están cantando, levántate rápido, los fantasmas desaparecerán después de tres cantos…

Todos escucharon a Liliana murmurar. Braulio y Josué vieron a Liliana, una campanilla dorada apareció en su mano y timbró tres veces.

-¿Esta chica es una sacerdotisa? Se ve bastante profesional…».

que el En el segundo siguiente, vio a Liliana apretando con fuerza la boca de Clara. Fue tan fuerte, cuerpo de Clara cayó hacia atrás.

-¡Sigritó ella.

Al final, Clara abrió la boca y Liliana agarró un puñado de talismanes y los metió en la boca de Clara. Por accidente se le cayó uno. Liliana lo recogió y sopló sobre él diciendo:

-¡No pasa nada, sigue limpio si lo recoges en tres segundos!

El marido de Clara se quedó sin palabras. Parecía sacar conclusiones con facilidad.

El talismán en la boca de Clara estalló en llamas verdes y humo negro salió de su boca. El marido de Clara no podía ver el humo negro, pero podía ver el talisman metido en la boca de Clara. No sabia qué clase de truco era, y se convirtió en cenizas en un instante.

Liliana explicó:

talismán! -Fue atacada por un espiritu maligno, iestará bien mientras se coma las cenizas del

El marido de Clara recordó que la gente del campo hervía agua con talismanes y se los daba de comer a los pacientes. No creía que eso pudiera funcionar.

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-Es inútil, la llevaré al hospital… -dijo.

Sin embargo, antes de terminar de hablar, vio a Clara levantarse con un gruñido, observando a su alrededor aturdida.

-Eh, eres tú… -dijo asombrada. Luego, preguntó-: ¿Por qué estás aqui, pequeña…?

El marido de Clara se atragantó con sus palabras. Liliana dejó escapar un suspiro de alivio.

-¡Está despierta, señorita! Pasaba por aquí con mi padre. Ibamos a… pescar.

Josué continuó:

-Entonces vimos que se desmayaba y él la arrastraba…

Clara vio a su marido detrás de ella. El miedo que tenía antes de entrar en coma reapareció. Estaba fan deprimida que rompió en llanto.

-¿Por qué te preocupas por mi? -La mujer dijo con obstinación-: ¡No necesito tu compasión!

El marido de Clara se sintió triste. Se mordió los labios y permaneció en silencio.

-¿Puedes levantarte? -A continuación, dijo enfadado-: Si no puedes, te puedo llevar cargando.

Clara intentó levantarse apoyándose en la valla junto al puente, pero sus piernas eran débiles y no podía mantenerse en pie. Al final, su marido la cargó en la espalda y ninguno de los dos habló.

Liliana negó con la cabeza:

-Los adultos son complicados.

Braulio no se preocupó por eso. Vio la red de pesca y entrecerró los ojos.

-¿Todavía quieres pescar?

Liliana asintió:

-Papi, tienes que lanzar la red así.

Levantó las manos y le hizo una demostración. Braulio levantó las cejas.

Asi?

Lanzó la red. Los lugares como puentes y cruces de caminos eran los sitios más fáciles para

encontrar fantasmas. Aunque Braulio no podía verlos, lanzó la red y esta se movió de modo extraño. Esto hizo sonar la campana.

Los ojos de Josué se iluminaron.

-¡Hay peces!

¡Su red de pesca mejorada por fin funcionaba! Braulio también se sorprendió. Estaba un paso más cerca de cambiar su carrera. Josué corrió hacia él, emocionado. Sintió miedo y expectación al mismo tiempo y arrastró la red hacia atrás.

-¡Liliana, ven aquí, hay peces gigantes!

Liliana sacó el jarro de almas y lo sostuvo en alto:

-¡Oye! ¿Puedes contestarme si te llamo?

En cuanto habló, el humo negro fue absorbido por el jarro de almas. El fantasma no tuvo tiempo de hablar.

“¿De qué está hablando?».

El fantasma que llevaba Clara se quedó boquiabierto. Parecía un tonto y sus ojos se abrieron de par en par.

“¿Es esto lo que consideraban pescar? ¡No hay nada en absoluto! Incluso pensaron que eran superiores. Qué desconcertante…».

-¿Adónde van? -preguntó Braulio.

Clara dijo:

-Volvemos… Gracias por salvarme hace un momento.

Clara no sabía qué había pasado. Pero si no hubieran llegado a tiempo y devuelto la cordura a su marido, este pudo haber saltado del puente.

El cielo seguía apagado. Braulio vio la hora, eran las cinco cuarenta y cuatro de la mañana no sabía cuánto tiempo llevaban Clara y su marido en el puente. Vio a Liliana y dijo:

Deberíamos regresar?

Liliana se apretó los dedos y murmuró:

Eh? ¿Alguien intenta competir conmigo?

Josué preguntó:

y

Qué? ¿Alguien quiere robarnos el crédito?

¿Cómo podria alguien robar el crédito de Liliana?-

De ninguna manera dejarían que se lo robaran!

-¡Atrapémoslos primero! -dijo Josué con mucho animo y vio la hora. Eran como las cinco o seis de la mañana-. ¡Hagámoslo!-Agitó el puño con arrogancia.

Liliana también agitó los puños con arrogancia

-¡Vamos!