Capítulo 346 Llevando a Zacarías al hospital

El presentador de la transmisión, que se identificaba a sí mismo como un ateo, estaba aterrado. ¡El también lo había visto! Aunque estaba ahí para verlo de primera mano, el fantasma se desvaneció en un

instante.

Tragó saliva y dijo:

-Tal vez alguien vino a correr.

Su amigo, que sostenia el móvil, sintió una sensación cosquilleante en el cuero cabelludo. Comentó.

-La gente normal no camina tan rápido. Esa cosita corrió con tanta firmeza que no parecia que estuviera corriendo.

De repente, una pálida cara surgió desde arriba. Hablo con un tono severo y frío.

-¿Qué están haciendo aquí?

Los presentadores y la audiencia de la transmisión se quedaron atónitos.

-¡Uuuuuugh!

Los presentadores, que se identificaban como ateos, salieron corriendo asustados. Braulio se burlo con frialdad.

-Las personas con tan poco valor no deben visitar lugares asi. Aquellos que no saben nada no le tienen miedo a nada. Un día puede que los maten por una razón de la que no estaban conscientes-

Después de eso, Braulio se fue del Asilo Susurros.

Zacarias, Liliana y Josué fueron llevados al hospital por Beatriz al día siguiente. El padre de Ana la regañó por no haber hecho su tarea todavia, y ella tenia prohibido irse de la casa.

Liliana afirmó que quería ir al hospital cuando vio a la abuela llevar ahi a Zacarias. Como era natural, Josué siguió a Liliana cuando la vio irse. Dario se sintió tentado a seguirlos, pero sabia que los demás pensarían que estaba demasiado apegado a Liliana y seria vergonzoso.

Liliana se subió a la silla del mostrador de libros y se asomo hacia abajo. Ella pregunto:

-Dario, vienes con nosotros?

Darío tenía el rostro en blanco. Parecia estar desinteresado por completo.

-Aburrido.

Liliana funció los labios y dijo:

Bueno, ya nos vamos. Tienes que portarte bien en casa!

Dario se quedó impactado.

Asumió

que estoy al mismo uivel que ellos? Incluso me pidio que fuera bueno. Es tan infantil-

1/4

Dario resistió la necesidad de levantarse hasta que el motor del auto disminuyó. Al final, se convenció de bajar el libro. Estiró el cuello un poco para echar un vistazo.

La voz de Poli sono:

-Mono, dime si quieres ir. Si no dices nada, ¿cómo sabria?

Darío de repente miró a Poli.

-La abuela dijo que van al hospital y que no podemos llevar a Poli, pero… Liliana ama tanto a este perico lo necesitará cerca, ino? Bien, le llevare al perico. Después de todo, yo siempre hago caso a lo que el tio Antonio y él me dijo que tenía que cuidar a Liliana-.

que

dice

Como Dario se le quedaba viendo pensativo, Poli inclinó la cabeza y dijo:

-Aunque me veas con sinceridad, debes decirme lo que quieres. ¿De verdad lo quieres? Te lo daré si me lo pides. ¿Cómo voy a decir que no a lo que quieres? Si no lo quieres, te lo daré de todos modos. ¡Seamos razonables! Contaré hasta tres. Debes dejar en claro si lo quieres o no.

Esos eran diálogos verbosos de Tripitaka que Poli había aprendido de Las Leyendas de Mono. Habían sido memorizados a la perfección por Poli. El perico platicaba y graznaba sin cesar, como Tripitaka.

Dario tomó su cuello de forma abrupta y dijo sin emoción:

-iCallate!

Poli protestó:

-¡Cu! ¡Cu! Suéltame. ¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Están secuestrando a un niño!

La paciencia de Dario se había agotado. Lo sostuvo por el ala y cambió su aproximación. Poli no pudo más y reprendio a Dario:

-¡Ya tuve suficiente de ti! ¡Voy a someterme ante ti! iPodemos pelear justo si tienes las agallas de bajarme!

Dario fue a la habitación de Liliana. Tomó el transportador de mascotas y metió a Poli adentro. Poli siguió balbuccando incoherencias. Dario se estaba preparando para irse. Escuchó al perico quejarse desde el transportador. Poli exigia:

-Espera, al menos trae a mi buen amigo, Bob Esponja!

En ese momento, el Señor Tortuga emergió desde debajo de una mesa con un pedazo de alga marina en la boca. Darío lo miró y colocó a la tortuga dentro de la transportadora, también. El Señor Tortuga no tenía idea de lo que estaba pasando.

¿Qué hice yo? Solo daba un pasco!-

En el departamento de neurología del hospital.

Beatriz decidió ir al hospital público donde trabajaba Gilberto, en lugar de a una instalación privada. Tenía tiempo de sobra, y prefería a los doctores de hospitales públicos; no los movía tanto el dinero como a los de los hospitales privados.

Al fin fue su turno. Beatriz entró a la sala de consulta con los niños. El doctor se sorprendió y preguntó:

2/4

-¿Quién es el paciente?

Beatriz llamó a Zacarias, lo empujó para sentarse en la silla y dijo:

-Mi nieto.

Zacarías se sentó en la silla, confundido. El nombre del doctor, su título y departamento estaban en una lista en una placa sobre la mesa. Era un especialista del Departamento de Neurología Pediátrica.

«Esperen un minuto. Este doctor es especialista en neurologia pediátrica? El me diagnosticará.

Zacarías alzó la mirada hacia el doctor, sorprendido.

Beatriz le explicó:

-Cuando era poco mayor de dos años, mi nieto se cayó del balcón del segundo piso. No nos habíamos. dado cuenta de que se habia metido gateando a la casa solo. Ya creció Sus reacciones se vuelven más y más lentas conforme crece. Como verá, tal vez se acaba de dar cuenta de que vino aquí para una revisión médica.

Beatriz se veía preocupada. Se sentia culpable; sin importar la razón, había sido negligente.

El doctor miró a Zacarias y dijo:

-Abre la boca y déjame ver tu lengua. ¡Aaah!

No hubo respuesta de Zacarías. El doctor le pidió paciencia mientras sostenía un cotonete.

-Abre la boca ¡Aaah!

Zacarías se negó a decir algo. Pensó:

-¿Qué rayos? ¡No quiero visitar a un médico!».

Presionó los labios y se rehusó a abrir la boca.

-No estoy enfermo. Digo, ino sabria si estoy enfermo o no?-.

La expresión de Zacarias se volvió amarga. Se puso de pie y se quiso ir. Estaba fuera de la cuestión para él ver a un doctor.

-No quiero verme tonto por ir al doctor. Aunque el rey estuviera en la habitación hoy, o si alguien me lanzara del segundo piso, no lo haria.

Zacarias se levantó en el instante, pero dos suaves manos lo alcanzaron a un lado. Liliana sostuvo a Zacarías. Le dio unas palmaditas en el muslo y dijo:

-Zac, siéntate. Tienes que ser un buen chico! ¡El doctor te está pidiendo abrir la boca, no pararte!

Zacarias agachó la mirada hacia Liliana. Dulce Bombón se veia preocupada y angustiada. Lo abrazó con fuerza, como si le preocupara que saliera corriendo. Sus ojos acuosos estaban llenos de amor genuino. No hubo palabra por parte de Zacarias. Se sentó de mala gana y abrió la boca. El doctor se sorprendió por un momento. Era cierto que parecía que su respuesta era un poco lenta.

Condujo una inspección rutinaria y no descubrió problemas. Había trabajado en el campo médico por años, y Zacarias se veía bien para él. Si hubiera problemas, no serian graves. Al menos, no sería una

3/4

situación de emergencia en la que habian estado corriendo durante el dia y colapsara en la noche. El doctor dijo mientras registraba la información en la computadora:

En estos casos, debió haberlo traido antes al hospital. De hecho, debería estar bien después de todos estos años si nada extraordinario ocurre. Aunque algunos chicos parezcan lentos, puede que no lo sean. Parece que están respondiendo despacio desde afuera, pero los pensamientos en su cabeza puede que no sean lentos. Tales niños, mientras encuentren su campo apropiatlo, pueden enfocarse más que cualquier otro, y convertirse en expertos de esa área; otros podrán competir con él y no serían comparables.

Beatriz torció la boca mientras recordaba que Zacarías tenía talento para los juegos.

Su área de pericia no serán los juegos, ¿verdad? En ese caso, necesita recibir más tratamiento-.

Beatriz era vieja y tenía pensamientos y conceptos más tradicionales. Aunque los deportes en linea eran una profesión ahora, ella creía que no era sustentable.

-Si todavía tiene preocupaciones al respecto, podemos hacerle un examen médico y pedir un escaneo de cerebro-continuó el doctor.

Zacarias se burló en secreto en su corazón.

¡Dios mio! ¿De verdad creen que soy lento? ¿Por qué deberian hacerme un escaneo cerebral? Yo no quiero hacer eso. Si mis compañeros se enteraran de eso, me molestarían y dirían que estoy loco.

Zacarias estuvo a punto de decir algo. De repente, Liliana dijo, mientras observaba su aura desde un lado:

-Zac, itienes que hacértelo! ¡Sé un buen chico!

Zacarias tenia la lengua en nudos. Con obediencia volvió a sentarse en la silla después de separar su trasero un par de centimetros del asiento.