Capítulo 347 Indicadores clave de rendimiento recién salidos del horno
Zacarías se cambió de ropa y se paró en la puerta de la habitación del escáner, pensando en lo que Liliana le acababa de decir.
Hermano, sé bueno, isolo es una revisión rápida! No es una inyección, no te dolerá para nada. Cuando mi hermano termine con la revisión, ¡Liliana compartirá un dulce con él!».
Cerebro: No.
Manos y pies: Bien.
Cuando volvió a alzar la mirada, ya estaba ahí. La comisura de los labios de Zacarías tembló. Al mismo tiempo, el doctor tomó la hoja de examinación y grito:
-¡Zacarias!
La Señora Castellanos le dio un pequeño empujón a Zacarías. Ese niño había estado haciendo fila por tanto tiempo en la entrada de la habitación del escáner, y todavia no reaccionaba?
Esperaba que nada hubiera pasado. Zacarías apretó el espacio entre sus cejas y entró. Entonces, Josué dijo:
-Hermana, ¿por qué te molestaste en convencerlo con dulces? Fue como con un niño.
El hermano se burló con frialdad y el rostro lleno de desagrado. Liliana desenvolvió un dulce y se lo metió
la boca.
a
-Hermano, sé paciente.
Josué se calló de inmediato y chupó el dulce con alegría. Pablo flotó en silencio a un lado y por fin terminó de escribir y dibujar en una libreta. Después, dijo:
-Zacarias estará bien, no te preocupes.
Liliana asintió.
-Si. -Ella lo sabia.
Ella contó, Zacarias debía de terminar con una cirugía, pero eso seria un problema pequeño.
-Maestro, ¿por qué no está trabajando horas extra hoy? -preguntó Liliana con curiosidad.
Pablo dijo:
-La puerta al infierno está a punto de cerrarse, y el periodo más alto del negocio ya pasó.
Liliana parecia medio entenderlo. El periodo más alto del negocio… Parecía que se había aprendido otra frase interesante. Ese piso era la sala de examinación. La Señora Castellanos y dos niños se sentaron en las sillas afuera y esperaron cuando Gilberto salió a prisa con una bata blanca.
-Mamá, ¿por qué no me avistaste cuando llegaste? -dijo Gilberto desesperado-. Pude haberles avisado a mis colegas con anticipación.
Antes de que la Señora Castellanos pudiera hablar, Liliana saludó con la mano y dijo:
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–Pequeño tio, no iremos por la puerta trasera, ien definitiva no iremos por la puerta traseral
Gilberto no pudo evitar pellizcarle la nariz.
-¿Sabes qué significa la puerta trasera?
Liliana dijo:
-Es la puerta de atrás del hospital, sabes? Entramos por la puerta principal, no por la trasera.
La niñita hizo lo mejor que pudo para expresar su opinión, todavia chupando el dulce de su boca, y se le cayó saliva sin que se diera cuenta. Sorbió rápido la saliva. La boca de Pablo se retorció.
Gilberto.
Señora Castellanos.
Josué de inmediato sacó un pañuelo: ¡Su hermana era tan tierna! La Señora Castellanos sonrió indefensa y dijo:
-Le dije que no te molestara en tu trabajo. Tal vez Liliana recordó la frase “no vayas por la puerta trasera» después de escucharla.
Gilberto dijo:
No es por la puerta trasera, pero si me hubieran dicho antes, les pude haber ayudado. registrarse temprano en la mañana. Cuando vinieran, ya habría sido su turno.
Eso no se decía ir por la puerta trasera, se le llamaba el uso racional de recursos. La Señora Castellanos sacudió la cabeza.
-Está bien. Tengo mucho tiempo, tomate el tuyo.
Gilberto no dijo nada, y cuando la puerta de la sala de examinación se volvió a abrir, Zacarias salió. Los resultados del analisis no saldrian hasta la tarde, como minimo. Gilberto vio la hora y dijo:
-¿Me esperan? Vayamos a la cafeteria a comer.
La Señora Castellanos vio a los tres niños y estuvo a punto de negarse. Después de todo, había tantas personas en la cafetería que llevar tres niños sería demasiado problema. Liliana alzó la mano, emocionada y dijo:
-Está bien, vamos a la cafeteria!
¡Ella todavía no había estado en la cafeteria! La Señora Castellanos la miró con cariño y cambió sus palabras.
-Está bien. Te esperaremos en el quiosco en el jardín del atrio.
Gilberto asintió y presionó la cara de Liliana.
-Espera a tu tio. Luego, se fue con prisa.
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Después de que Zacarías terminara de cambiarse la ropa, la Señora Castellanos llevó a los tres al quiosco. En cuanto se sentaron, escucharon una voz familiar rechinar:
-iBebé! Imi bebé!
Poli estaba recostada en la mochila para mascotas bajo la cubierta transparente con una expresión lastimera en el rostro. Darío estaba cargando una mochila para mascotas con un rostro tranquilo y sin expresión.
Tu perico es tan ruidoso -dijo con frialdad-. Vinimos a buscarte por el ruido.
Poli.
No estaba haciendo ruidos para nada, ¿cú? ¡Ese hombre era tan poco ético al culpar al ave!».
Liliana tomó la mochila para mascotas rápido, la abrió y Poli salió arrastrándose con las correas de lat mochila en la boca y voló hacia su hombro, tocándole el rostro con afecto.
-¡Cú, bebé! ¡Acabo de ir por una infusión y te esperé toda la noche!
Josué:
Dario:
¿Qué tipo de confesión era esa? Poli estuvo aburrida todo el día, y no podía dejar de platicar:
-Cargue una caja de cemento. Es mi caja de tierra. Hice una tetera de arcilla con esta tierra, la puse al fuego e hizo un sonido. ¡Es mi anillo de tierra! Un anillo de tierra, te extraño?
Las comisuras de los labios de todos se retorcieron otra vez. La Señora Castellanos tocó la cabeza de Poli con la mano y balbució:
-Tú deberias pasar algo de tiempo con el viejo, ipermitele aprender un par de buenas frases también!
Ese día había dicho que iba a ir al hospital, el anciano preguntó por qué, pero después de que ella dijo que era para llevar a Zacarias a ver su cerebro, él se volvió a sentar. Como se trataba de Zacarias, el no se iba a involucrar; estaba cansado de tomarle videos a diario en esos días y quería tomar la oportunidad para descansar.
Eso era bueno para algo? Era una locura total.
De repente, Zacarías dijo:
-Por cierto, en dónde está mi dulce?
Solo entonces Liliana se dio cuenta de que lo había olvidado. Rápido sacó un dulce, lo desenvolvió y se lo metió a Zacarías a la boca.
-Oye, está dulce? -preguntó ella, feliz.
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Zacarias no habló. Por el contrario, Poli vio a la boca de Zacarías, sacudió la cabeza y dijo:
–¡No es bueno para los niños comer dulces! ¡Deberías dármelo a mi y dejar que yo soporte el dolor!
Liliana rio. Esos eran los tres dulces que la abuela le había dado con gran dificultad, permitiéndole satisfacer su antojo de ese día. Ella le dio uno a Josué, uno a Zacarías, y se comió el otro. ¡Ya no quedaban más para Poli!
Dario estaba a un lado, sintiéndose un poco molesto por alguna razón. El vio cuando la abuela le dio a Liliana tres dulces. La misma Liliana amaba comer dulces, pero le dio uno a Zacarias. Ella misma estaba comiendose uno… entonces, debía quedarle uno más…
El rostro de Dario se volvió incluso más frío, pero en su corazón tenía la vaga esperanza de ver a Liliana darle un pedazo de dulce. No era que le gustaran los dulces, sino que Zacarías había comido uno, así que él no podía ser peor que Zacarias. Por un momento, Dario y Poli se quedaron mirando la boca de Zacarias.
Poli suspiró con arrepentimiento.
-El pequeño burro se está comiendo el dulce. ¡Se acabó! ¡Se acabó!
El manierismo gracioso de Poli atrajo la atención de otros pacientes y de sus familias. Todos veían al perico verde brillante asombrados.
Este perico fue un humano?”.
Un hombre de mediana edad sonrió, se quedó viendo a Poli y dijo:
-Oigan, este pájaro se ve tan inteligente. Debe de ser más fragante que otros pájaros al rostizarlo, qué
rico.
Todos los demás estaban elogiando a Poli, pero lo que ese tipo había dicho era diferente de los demás, y no pudieron evitar dejar de hablar. Liliana se sorprendió por un momento, luego, miró de forma inconsciente y se sorprendió aún más. Pablo entrecerró los ojos.
-Muy bien…
Le sorprendió ver los resultados de los indicadores clave de rendimiento tan rápido. ¡Resultaba ser un espíritu maligno!