Capítulo 294
Luna, con la cabeza agachada, no logra saber si lo que sentía era porque estaba demasiado sumida en sus pensamientos o tal vez debido a la opresión constante que había tenido desde que había salido de la
villa de Gabriel esta mañana.
No se entristeció por no haber recibido los mensajes de Gabriel, sino por la presión de depender de alguien más. Aunque la familia García era tan amable con ella, era su hogar. Pero, la villa de Gabriel no
era su hogar.
Esa mañana, Gabriel solo había querido que ella visitara a su abuela, pero ella huyó tan despavoridamente
Definitivamente estaría molesto.
Había vivido allí durante tantos días, era comprensible que tuviera que visitar a la abuela, pero ella
simplemente no podía aún aceptarlo. Y cuando se enfrentaba a estos problemas, solía esconderse e
intentar evitar las dificultades…
+
Adolfo le informó:
-Joven, Luna ha regresado.
Gabriel afirmó con la cabeza.
El lujoso coche se detuvo frente a la puerta. Gabriel se paró en su lugar, con suéter de cuadros oscuros,
que resaltaba sus hombros anchos y cintura estrecha. Se acercó, abrió la puerta del copiloto
sosteniendo con fuerza un paraguas. La lluvia había disminuido un poco, Luna caminaba bajo su
paraguas y entró con rapidez en la casa.
-¿Has regreso?
Luna afirmó con la cabeza y respondió:
-Si.
Gabriel la rodeó con su brazo y juntos entraron a la sala, entregando el paraguas a Adolfo.
-¿Por qué tienes el pelo mojado? Adolfo, ve y búscame una toalla -dijo Gabriel con el ceño fruncido.
-Estoy bien. Se secará en un momento.
Sin embargo, al terminar sus palabras, ella estornudó.
-Rosa, prepara un poco de té caliente.
Rosa recibió la orden y se fue.
Luna se sorprendió por toda la atención que le estaban dando, porque nunca había recibido un trato tant
especial, incluso en su propia casa. Además, ella era alguien que no le gustaba causar grandes molestias
a los demás.
-No es necesario, simplemente tomaré medicina para el resfriado -rechazó,
Adolfo rápidamente le trajo una toalla seca y Gabriel ayudó a secar su cabello. Cuando los demás
presentes se dieron cuenta de la escena, se retiraron discretamente para dejar a los dos a solos.
Luna nerviosamente agarró el borde de su ropa, sin atreverse siquiera a moverse. Mientras Gabriel bajó la cabeza y la miró suavemente. Se disculpó:
-Lamento muchísimo lo que sucedió hoy, no lo consideré apropiado.
-No es tu culpa, es mía. No estoy acostumbrada a comunicarme con la gente. Tenía miedo de molestar a la abuela y hacerla enojar.
En realidad, la última frase fue solo una simple excusa, pero alivió a Gabriel enormemente.
Él respiró profundamente y sonrió aliviado. Pensó que ella lo odiaba.
-No pasa nada. Todavía tenemos muchísimo tiempo. Mi abuela es muy amable. Seguro que le caerás
muy bien una vez que la conozcas.
Luna solo sonrió levemente.
Cuando su cabello ya estaba casi seco, Gabriel le propuso:
-Acabo de aprender a hacer sopa de mariscos, ¿quieres probarla?
-¿La hiciste tú mismo? -Luna estaba un poco sorprendida por lo sucedido.
-Después de ver tantas recetas, tengo que ponerlas en práctica, ¿verdad?
¿Acaso todos los hombres de la familia Sánchez tenían la costumbre de cocinar ellos mismos? En la familia García, la cocina siempre era una tarea exclusiva de las mujeres.
Luna se sentó y pronto Rosa le trajo una taza de té caliente. Gabriel la tomó y se la entregó, diciendo:
-Bebe algo primero para evitar resfriarte.
Luna lo olió y notó que no estaba nada mal, por lo que tomó un pequeño sorbo.
-Está bien-dijo.
Después de terminar la taza de té, sintió que su cuerpo se volvió más cálido. Luego, empezó a probar la
-El sabor es extraño.
-¿En serio?-se sorprendió Gabriel y tomó un sorbo, pero no se dio cuenta de nada extraña y adivino. –
Tal vez porque has bebido el té.
-Está muy rica. Te menti, jaja -explicó Luna con una sonrisa muy dulce.
Al ver la expresión traviesa de la muchacha, Gabriel también mostró una suave y dulce sonrisa;
extendiendo la mano para acariciar su cabello.
Luna propuso tentativamente:
-Mañana te acompañaré a visitar a la abuela, ¿qué te parece?
Gabriel solo respondió:
-No hace falta. Ya está todo bien.
Luna se sintió algo aliviada y afirmó con la cabeza.