Diego se volvió para mirar a Elio.
—¿Qué pasa si me gusta?
Elio jadeó pesadamente.
—Parece que nuestra amistad ha llegado a su fin.
—¿No tengo derecho a querer a alguien?
Elio no dijo nada.
No era que no tenía ese derecho, solo le sentaba raro saber eso. Los dos habían sido buenos amigos durante muchos años, siempre pensó que Diego trataba a Fernanda como a su hermana.
No esperaba que en realidad estaba enamorado...
—La gente nunca está conforme con lo que tiene.
Diego era consciente de eso, pero no era capaz de salir de ese amor. Era un amor adolescente que lo dejó deseando. Era como una obsesión que no podía dejar de lado.
Siempre pensó que, si hubiera sido su pareja, no habría muerto tan temprano. Pensó que seguramente los dos vivirían una vida feliz. Al menos, él la amaba, le podía dar cuidado y amor.
—Al menos eres consciente de ello, espero que no hagas tonterías. Sería humillante si a esta edad rompas tu familia.
Elio salió del estudio.
En el auto, sintió una especie de enojo en su interior. Su ayudante preguntó:
—¿A casa?
—Ve al cementerio.
Echaba de menos a Fernanda, quería verla.
El ayudante condujo hacia el cementerio que se situaba en una zona suburbana. Cuando Elio le dijo que fuera al cementerio, sabía a quién iba a ver.
—Espera, ve a la floristería a comprar un ramo de flores, de lo contrario ella se sentiría sola sin nada a su alrededor.
El ayudante cambió de sentido en la intersección de delante.
No compró crisantemos, sino un ramo de lirios. A Fernanda le gustaban lirios.
Elio se subió al auto con las flores. Cuando el ayudante arrancó el auto, inadvertidamente miró hacia afuera, entonces vio a Carmen, Cynthia, los dos niños y varios guardaespaldas.
—No podemos quedarnos afuera por mucho tiempo. No estás bien de la salud. Volveremos después de comprar el pastel.
Carmen estaba preocupada por la salud de Cynthia.
Cynthia dijo que sí.
A los dos niños le surgieron el antojo de comer un pastel. Ella pensó que no tomaría mucho tiempo salir a comprarlo, así que sacó a los dos niños para tomar un poco el aire.
—Entro a comprar, esperadme aquí.
Carmen entró en la pastelería.
Elio no podía oír lo que decían, pero viendo sus expresiones felices, rápidamente retrajo la mirada, bajó la mirada hacia las flores que sostenía y las acarició suavemente con la mano.
Hablaba solo:
—Tu hijo es preocupante.
En este momento, el auto empezó a circular, pero seguía mirando las flores que tenía en mano.
Carmen salió luego de comprar el pastel
—Vamos.
—¡Bien! Vamos a comer pastel.
Alessia dijo emocionada.
Carmen se rio.
—¿Aún te queda espacio en tu barriguita?
—Sí, sí.
Alessia dijo que sí rápidamente, por miedo a que no le dieran pastel.
—Subid al coche.
Cynthia se paró frente a la puerta del auto y dejó que los dos niños subieran primero. Alessia no estaba satisfecha por pasar tan poco rato fuera.
—Parece que hay cosas divertidas por la noche.
Carmen le dio unas palmaditas en el culito.
—Os llevaré a jugar mañana.
—¿Mamá vendrá con nosotros?
Alessia se volvió para mirar a Cynthia con mucha ilusión.
—¿No es lo mismo que la abuela os saque? ¿No sabes que tu mamá está embarazada?
Alessia hizo puchero. Tenía muchas ganas de salir con su mamá, pero ahora tenía a un bebé en su vientre. Además, su papá le dijo que se iría si no lo cuidaban bien. Para que el bebé no se fuera, podía salir sin su mamá.
Al regresar a la villa, Carmen llevó el pastel a la cocina para cortarlo en trozos pequeños, porque no sentaba bien comer demasiado por la noche.
Carmen temía que se le quedaran el sabor empalagoso, así que en acompañamiento les sirvió un vaso de zumo a cada uno. Puso los trocitos de tarta y los zumos sobre la mesa, delante de ellos.
—¿Tan pequeño?
Alessia miró fijamente el pastel en el plato, sintiendo que no era suficiente. Álex negó con la cabeza, le dio la mitad de su tarta.
Alessia sonrió contentamente.
—Gracias, Álex.
—Cuando engordes, no podrás ponerte ropa bonita.
Álex la desanimó deliberadamente, porque comer demasiado pastel por la noche realmente la engordaría.
Alessia resopló.
—Nadie es gordo en nuestra familia. Papá no está gordo, mamá tampoco está gorda, ¿por qué iba a engordar? Nuestra familia es de complexión delgada.
Álex:
—...
«¿Desde cuándo esta niña se ha vuelto tan elocuente que hasta puede replicarme?».
—Pues come.
Álex no tenía nada que hacer con ella.
—Claro que me lo voy a comer, si no me lo puedo terminar se lo dejo a papá.
Alessia se llevó una cucharada de pastel a la boca felizmente.
Álex vio a su hermana lamer la cuchara y frunció el ceño con fuerza.
—Has dejado saliva por todas partes, ¿quién se lo comería?
—Papá, a él no le importa.
La niña estaba confiada, porque a su papá ni siquiera le importaban sus besitos llenos de babas.
Carmen agitó la cabeza con una sonrisa ligera, pensando que Alessia era bastante graciosa.
Cynthia tenía un poco de sueño en el sofá. Las comisuras de sus labios se levantaron levemente mientras observaba a los dos niños comerse la tarta sentados en la mesa del comedor.
—Sube a descansar, yo me ocuparé de ellos.
Carmen notó que Cynthia tenía sueño.
Cynthia asintió, no se sentía cansada ni incómoda, solo tenía un poco de sueño, así que se levantó.
—Entonces me iré a dormir un rato.
Subió las escaleras con pasos firmes, encendió la luz y la habitación se iluminó instantáneamente. El ramo de lirios que estaba al lado de la cama estaba un poco marchito.
Pero le daba pena tirarlos. Tocó los pétalos. Aún quedaba una leve fragancia. Pensó en comprar otro ramo para ponerlos. Algunas flores en la habitación añadían un toque de vitalidad.
Se acostó en la cama sin asearse. Tenía tanto sueño que no quería moverse. Nada más tocar la almohada entró en profundos sueños.
Por la noche, escuchó el ruido mientras estaba aturdida, abrió los ojos medio dormida. La luz de la habitación no estaba encendida, solo había luz de la luna que entraba por la ventana, con eso vio una figura de pie junto a la cama.
Su voz era ronca porque se acababa de despertar.
—¿Has vuelto?
Se quitó el traje antes de acercarse.
—¿Te he despertado?
Cynthia asintió. Se había despertado después de escuchar el ruido.
Cogió el teléfono y miró la hora, ya eran más de las dos.
—Qué tarde has vuelto.
—He ido a lidiar algo. Me daré una ducha, duerme.
Se acercó para tocarle la cara, se sentía cálido.
Cynthia volvió la cabeza por las cosquillas. Alain se rio.
—Duerme.
El hombre caminó hacia el baño. Se desabrochó el cinturón mientras caminaba. Luego de entrar al baño, encendió la luz. Después de un rato, se oyó el sonido del agua.
Cynthia tenía mucho sueño. A pesar de que hubo sonidos, se durmió lentamente. Poco después el colchón se hundió mientras estaba aturdida, alguien la tomó de la cintura con fuerza. Luego acompañada de una leve fragancia del gel de ducha, el hombre besó su nuca, no solo eran besos, también le daba mordiscos suavemente, no era doloroso, pero sí provocaba cosquillas. Cynthia murmuró:
—Tengo sueño.
—Vale, duerme.
Sus labios no la dejaron en paz, solo que en vez de besos se convirtió en acaricias.
Cynthia frunció las cejas, no podía dormir tranquila así.