Cynthia no esperaba que esta mujer le pudiera hablar de un tema tan íntimo como ese en público.

Estuve un poco avergonzada por un tiempo y no supo cómo responderle.

Al ver a Cynthia ruborizarse, la mujer sonrió.

—No hay nada de qué avergonzarse, somos mujeres casadas que han pasado por todo.

Cynthia sonrió y permaneció en silencio.

Pero la mujer no tenía intención de callarse.

—Eres muy joven, seguro que no sabes la razón que tengo.

La mujer volvió a inclinarse, e incluso «el médico en prácticas» que estaba detrás de Cynthia se inclinó para saber lo que dañaría un parto a la mujer.

Nunca había pensado en este problema, solo pensaba que el embarazo y el parto era algo natural.

El libro que compró solo hablaba sobre el proceso del embarazo, no decía qué tipo de daño causaría al cuerpo de una mujer.

—¿Sabes? Una amiga mía tuvo problemas con el parto, su hijo era demasiado grande para dar a luz, así que tuvieron que hacerle un corte profundo en la vagina, ni siquiera le anestesiaron durante el proceso de cosérsela. No he pasado por eso, pero me asusta de solo escucharlo.

La mujer lo contaba como si hubiera experimentado ese dolor, hasta su rostro estaba tenso.

Cynthia había tenido niños, le contaron que algunos bebés eran demasiado grandes para dar a luz y usaban tales métodos para llevar a cabo el parto, pero ella no había pasado por eso.

En ese momento no estaba en buenas condiciones físicas, quizás la desnutrición afectó un poco a los niños, porque los dos nacieron pequeñitos.

—Piénsalo, la vagina de la mujer es pequeña, si el bebé sale por allí a fuerzas, aunque se pueda recuperar más tarde, es imposible que vuelva a su estado original. Te aconsejo que también te hagas una cesárea, al menos por tu marido.

La mujer se lo dijo con cara de entender mucho.

Cynthia se limitó a sonreír cortésmente, aunque el tema era demasiado, pero la mujer parecía maja, por lo que no podía decir nada más.

—Hablo en serio. Las mujeres son diferentes a los hombres. Los hombres no necesitan pasar por el parto. No les pasa nada a sus penes, pero a nosotras sí

Ya con las veces de hacer el amor se nos pueden distender la vagina. Ya no decir luego de pasar por el parto. Ains, creo que las mujeres son unas desgraciadas. Si tuvieran suerte de casarse con un hombre bueno, tampoco se pueden quejar; no obstante, si llegaran a casarse con uno detestable, puede que el marido se divorcie de ella a pesar de que esta ha arriesgado su vida por darle un bebé.

La mujer parecía sentir inseguridad hablando tanto sobre el tema, pero Cynthia entendía que las mujeres siempre eran más sensibles durante el embarazo.

Debería ser que su esposo estaba muy ocupado y no se preocupó lo suficiente por ella, por eso tenía emociones tan extremas.

—No te rayes.

Cynthia la consoló.

La mujer no comprendía por qué Cynthia estaba completamente indiferente.

—Si no le das importancia a lo que te he dicho, te arrepentirás cuando pierdas a tu marido. Tengo demasiados ejemplos como este a mi alrededor. La amiga que he dicho que dio a luz con corte en la vagina ahora está discutiendo del divorcio con su marido.

Cynthia miró a la mujer sin decir nada, pensó que tal vez había demasiadas influencias negativas a su alrededor para que tuviera esos pensamientos.

Cynthia suspiró profundamente, pensando que, si el hombre amaba a su esposa, incluso si sufriera algún cambio también lo entendería, después de todo, sufrió ese cambio para darle un bebé.

Como decía la mujer, si el marido era detestable, no cambiaría nada manteniendo firme la vagina.

Antes estaba de buen humor, incluso estaba haciendo todo lo posible por mantener un estado de ánimo alegre. Sin embargo, después de escuchar las palabras de esta mujer, su estado de ánimo se volvió triste.

No porque tuviera miedo de sufrir cambios en el cuerpo luego del parto, sabía que Alain no era un hombre detestable, sino porque la vida de una mujer no era nada fácil. Con un marido bueno al menos no pasarían agravios, pero si se casaban con uno indecente, no sacarían nada a pesar de haber sufrido mucho.

Acarició la mano de la mujer con dulzura y dijo:

—Mantén un estado de ánimo feliz durante el embarazo, será bueno para ti y para el feto.

En el pasado, una anciana le dijo que las mujeres de la antigüedad miraban a sus zapatos antes del parto, se preguntaban si podrían volver a ponérselas con vida.

Las condiciones médicas del pasado eran limitadas, ahora las condiciones médicas estaban mucho mejor, había menos casos de muertes y nacían menos bebés con discapacidades.

Ella sentía que el amor maternal era instinto.

Una vez que una mujer se quedara embarazada, amaría al niño de su vientre. No importaba si amaba al hombre que lo dejó embarazada, pero definitivamente amaría al niño.

El niño era una parte de la madre, el hecho haber estado unido en un cuerpo los hacían ser los parientes más cercanos.

En ese momento, llamaron a la mujer, esta se puso de pie sujetando la barriga y miró a Cynthia.

—Gracias, mantendré un estado de ánimo feliz.

Cynthia le devolvió la sonrisa, miró a la mujer que fue a extraerse la sangre sola y comprendió por qué estaba tan preocupada.

Debería ser porque era demasiado duro pasar el embarazo sola, por eso tenía pensamientos tan pesimistas.

Ella miró su vientre un poco abultado. Estaba empezando a sentir los movimientos fetales. Aunque no se notaban mucho, era lo suficiente para que sintiera ternura. En mente pensó:

«¿Tu papá te estará echando de menos?

¿Dónde estará en este momento? ¿Qué estará haciendo?

¿Se olvidará de nosotros?».

De repente se echó a reír, sintiendo que la mujer de antes le había contagiado eso de ponerse sentimental.

Se quedó sumergida en sus pensamientos y no se dio cuenta de que «el médico en prácticas» detrás de ella estaba mirando fijamente su vientre.

Él se contuvo las ganas que tenía de ir a acariciar su barriga para sentir el bebé.

Después de un rato, llamaron a Cynthia y se puso de pie con una mano en el apoyabrazos del asiento, como solo estaba de cuatro meses, no le era costoso levantarse.

Caminó hasta la ventanilla donde le sacaban sangre, se sentó en un taburete alto y estiró los brazos. Su piel era blanca, al médico no le costaba encontrar el lugar para pinchar, el médico tomó la aguja después de frotar con alcohol su brazo y estaba a punto de pinchar.

«El médico en prácticas», que estaba de pie detrás de ella, temía que sintiera dolor y la miró a la cara, no había expresión de miedo en su rostro, pero notó que su otra mano se apretó en puño, lo que demostraba que también estaba nerviosa en ese momento.

Sin pensarlo fue a tomar su mano, quería estar a su lado y darle un toque de consuelo cuando se enfrentaba al dolor..