—¿Quién le vio pegarte?

Preguntó Mauricio.

La cara de Santiago se puso pálida de miedo y no pudo evitar tragar saliva,

—Te… te diré todo. No… no me pegues.

Cristián contuvo sus movimientos, le iba a pegar igualmente, pero quería esperar que lo dijera, curvó sus labios con frialdad,

—Dilo, si ocultas un mínimo detalle, te haré morir dolorosamente.

Santiago dijo repetidamente,

—No me atrevo, no me atrevo. Voy a contar todo, pero si lo hago, ¿me dejarás ir?

—Te dejaré salir de aquí.

Dijo Cristián.

Santiago se sintió aliviado, pensaba que aún podría tener esperanza de sobrevivir si pudiera salir de aquí. Esta gente estaba loca, realmente temía morir aquí. Así que sin pensarlo mucho dijo:

—Sí que quería violarla, era bonita y le he tocado su cuerpo. Al principio ella actuó entusiasmada que pensé que quería acostarse conmigo, y cuando la desaté, me atacó con un candelabro, me apuñaló por todo el cuerpo, no salí con mi pretensión, de verdad. Ya te conté todo, ¿ahora me dejarás ir?

Cristián se rio de tanto enfado,

—Intentaste violarla y ahora quieres que te deje ir, ¿estás soñando?

Se había preparado mentalmente para lo peor, pensando que, aunque Chloe fuera realmente violada por ese animal, tampoco se resentiría y trataría de cuidarla en el futuro. Ahora se sentía agradecido desde el fondo de su corazón por saber que no había sido el caso.

Después de todo, ser violada habría causado mucho daño a su salud mental. Una persona con poca fuerza de voluntad no habría podido salir adelante.

Los ojos de Santiago se abrieron de par en par, estaba incrédulo, y exclamó:

—¿Cómo pierdes tu palabra? Prometiste dejarme salir de aquí y, además, te dije la verdad.

Cristián se agachó y le agarró la mandíbula, burlándose,

—¿Eres sordo? Dije que te dejaré salir de aquí, ¿pero he dicho que te dejo salir de aquí en pie? También puedes salir tumbado.

Santiago, muerto de miedo, se levantó del suelo y se arrodilló para postrar a Cristián,

—Por favor, ten piedad y déjame ir, sé que me equivoqué, ya no me atrevo.

Santiago era un cobarde que solo sabía meterse con los débiles, si hubiera tenido más capacidad habría escalado más alto. El director, ayudante de Norberto, fue a la cárcel por sustituir el crimen de Norberto, por eso él pudo llegar a donde estaba. No hacía nada, pero sabía halagar.

Ni pasar mucho tiempo, ya se metió en este gran problema.

Cristián se arremangó y dijo con mala cara:

—Dime, ¿con qué mano la tocaste?

Santiago retiró apresuradamente su mano derecha, dándose cuenta de que su acción era demasiada obvia, y escondió ambos brazos, gritando:

—Me equivoqué, por favor, déjame ir, te haré lo que quieras.

—La mano derecha, ¿no?

Cristián le agarró del pelo y lo tiró hacia atrás,

—¿Sacas la mano o lo hago yo?

Santiago lloraba y tenía mocos en la cara. No mostraba ningún rastro de masculinidad, era débil y cobarde.

Cristián lo llamó cobarde con disgusto, cogió su cabello y lo golpeó contra la pared, Santiago gritó de dolor como un cerdo. Mauricio no quiso escucharlo más y le entregó un rollo de cinta a Cristián.

—¿No tienen las salas de interrogatorio la mejor insonorización?

Cristián no reaccionó por un momento a lo que quería decir.

Mauricio ni siquiera quería mirar a Santiago, como hombre no se lo merecía

—Es demasiado molesto su grito.

Cristián comprendió y tomó la cinta, Santiago aprovechó para arrastrarse hacia la esquina,

—Por favor déjame ir.

—Atrápalo.

Cristián le indicó con una mirada a Mauricio.

Mauricio fue a por él. Santiago se levantó y trató de correr porque si no lo matarían, pero sólo había dado unos pasos cuando Mauricio lo tiró al suelo de una patada, le torció el brazo y se lo inmovilizó en la espalda, preparado para que Cristián le tapara la boca.

Cristián envolvió la cinta alrededor de su boca varias vueltas, cubriendo incluso su cara. Tiró la cinta a un lado y le dijo a Mauricio:

—Dame su mano derecha.

Mauricio empotró la mano derecha de Santiago contra el suelo, Cristián bajó la mirada y golpeó la cara de Santiago,

—Como hombre, te tengo que romper un brazo.

Santiago no podía emitir ningún sonido, su rostro estaba pálido de miedo, pero no conseguía librarse y vio como Cristián pisaba su mano.

Se oyó el sonido de huesos rompiéndose y la cara de Santiago se llenó de expresión de dolor.

Cristián torció el tobillo. Los dedos de Santiago se deformaron bajo su zapato. Mauricio lo soltó y se hizo a un lado.

El cuerpo de Santiago no paraba de estremecer, su entrepierna estaba mojada, se había orinado.

Cristián le dio un pisotón en la cara,

—Maldito, primera vez que veo a un hombre mearse, eres una puta vergüenza para los hombres.

Mauricio le dio un consejo a Cristián,

—No le mates, tiene más utilidad.

Era el subordinado de Norberto, debería saber cosas de él, así que podrían interrogarlo después de darle una paliza.

Cristián no dijo nada, realmente quería matar a Santiago de inmediato.

Mauricio le dio una palmadita en el hombro,

—Si realmente quieres matarlo, no necesitamos hacerlo nosotros, no vale la pena ensuciarte las manos por semejante escoria.

Cristián le hizo caso de mala gana.

Mauricio se acercó a Alain,

—Vamos a esperar fuera.

Alain dijo que sí en voz baja y tomó la delantera, fue a la habitación de al lado donde estaba Cynthia.

Estaba sentada en una silla mirando lo que Cristián hacía, y podía sentir el enojo de Cristián. Ese enojo reflejaba sus sentimientos por Chloe, y que eran bastante profundos.

Las personas ajenas no podían meterse en sus asuntos emocionales.

Se tranquilizó al saber que Chloe no había sido violada.

—¿Vas a volver ahora?

Alain se acercó. Cynthia giró la cabeza para mirarle y negó,

—Más tarde.

Mauricio preguntó:

—¿Quieres ver cómo Cristián le pega?

Cynthia no respondió a la pregunta,

—¿Mauricio tienes un ascenso?

La pregunta fue tan de repente que Mauricio la miró durante unos segundos y dijo:

—Sí.

—Felicidades, voy a organizar una cena para ti esta noche, tú y Cristián vais a venir juntos a la villa.

—No vale la pena...

—¿Por qué no va a valer la pena? Que te asciendan significa que eres capaz y nos alegramos por ti, antes no lo mencioné porque no hemos atrapado a este hombre, pero ahora que lo hemos encontrado, es una cosa menos. Aunque el asunto con Norberto no está del todo resuelto, aún queda tiempo como para cenar juntos.

—Entonces iré, gracias Cynthia.

Dijo Mauricio de todo corazón.

—De nada, si no estás ocupado puedes venir incluso antes.

Cynthia se rio, con un significado más profundo en sus palabras. Mauricio no captó, y dijo:

—Vale.

—Me iré entonces.

Cynthia se levantó de su silla y Alain le dijo que esperara,

—Voy a hablar con Mauricio, espérame fuera un momento.

—De acuerdo.

Y con eso se fue.

Después de que se fuera, Alain y Mauricio planearon su próximo plan. Dejaron a Santiago vivo, por una parte, para tratar de sacarle información sobre los crímenes de Norberto, por otra parte, no lo matarían ellos mismos, sólo lo harían a través de la mano de otros.

Daba igual si Santiago confesaba o no lo que hizo Norberto. Si obtuvieran pruebas de crímenes de Norberto, dirían que Santiago le había traicionado. Llegado a ese momento ni si quiera tendrían que hacerlo ellos, el propio Norberto se encargaría de matar al traidor.

—Entendido, yo me encargo.

Alain miró la pantalla, Santiago estaba tirado en el suelo, Cristián no paraba de pegarle como si siguiera enfadado. Rápidamente retiró la mirada y salió.

Cynthia quiso volver a casa, Alain le dijo que le acompañara a la oficina.

—Almuerza conmigo y te llevaré a casa.

Alain la abrochó el cinturón y arrancó el coche, preguntó:

—¿Estás intentando juntar a Cristián con Chloe?