Nadie va a arruinar nuestra noche.

Mi mano temblo por un momento y por poco dejo caer el celular al suelo, sentí el frío recorriendo mi

cuerpo y erizando mi piel a su paso, los estragos en mi estómago casi hacen que devuelva todo lo que

comí en el dia.

Miré a Tristán, aún en mi brazo, su cabeza reposaba en mi hombro y parecia que estaba por quedarse

dormido.

Abri mi boca para responder, pero las palabras se quedaron en mi garganta, me resultaba casi

imposible pronunciar palabra alguna.

– Sarah, sé que estás ahí, estoy escuchando tu respiración. Responde, žtuviste un hijo? – al escuchar

su voz que se volvió gélida y con cierta desesperación, sali de mi ensimismamiento y me acerqué a

Maga para que tuviera a Tristán por un momento.

¿Cómo lo supo?

Esta no’era la manera que debía saberlo, no por otra persona que no fuera yo, era un tema que solo

me compete a mi.

– ¿De dónde ha sacado eso, Sr. Lancaster?-pregunté sin responder a su pregunta, pues antes, queria

saber cómo diablos se entero.

Eran muy pocas las personas que lo sabían, mis amigos, mi familia y el personal de la empresa, pero

estos últimos, habían firmado un acuerdo de confidencialidad, por lo que no tenían permitido

mencionar lo más mínimo relacionado a Tristán.

Caminé hasta el balcón, alejándome de Maga y de mi hijo, el viento golpeaba mi cuerpo, pero ni

siquiera podía sentir un poco de frío, mi pulso aumento de sobremanera y mi respiración era pesada.

– ¿Debo tomar eso como un si? -preguntó impaciente y cerré mis ojos frustrada porque esto se iba a

volver una guerra de preguntas sin respuestas.

Mordi mi labio inferior con fuerza y trate de calmarme o terminaría diciéndole cualquier locura.

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– Sr. Lancaster, no le dare una respuesta si no me dice de dónde ha sacado tal cosa. -me

impresionaba mi voz tranquila y serena, cuando por dentro estaba muriendo de nervios y rabia a la

vez.

Escuché un estruendo del otro lado de la línea, como si hubiese lanzado algo al suelo y soltó un largo

suspiro que me puso los vellos

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de punta.

– Di mi palabra de que no diria el nombre de la persona que me ha dicho esto, pero te lo diré

solamente porque quiero escuchar la respuesta de ti, con tu propia voz.-tragué en seco, mientras mis

manos seguían temblando como si estuviera muriendo de frio, pero mis mejillas estaban ardiendo

como el mismísimo infierno. –Michelle Boyer.

Mis ojos se abrieron en gran medida y la rabia en mi ser aumentó.

¡Esa mujer

¡Esa estúpida mujer se atrevió a seguir metiendo sus narices en mis asuntos!

Acaba de firmar su sentencia de muerte, no solo acabó con la poca paciencia y tolerancia que me

quedaba, sino también acaba de infringir el acuerdo de confidencialidad, esto le traeria problemas con

mi padre y lo más probable es que sea despedida directamente.

– ¡Clarol Boyer, ¿cómo no se me ocurrió antes? —pregunté más para mí misma, pero Alexander me

escuchó.

Michelle estaba entrando a un terreno donde no habría nada ni nadie que pudiera salvarla, se estaba

metiendo con mi hijo y eso no lo iba a permitir.

– Si, Boyer. Es cierto o no? Dime, ¿tienes un hijo?-miré el cielo oscuro, mientras me preguntaba, por

qué nada podía salir como lo : tenia planeado. –Sarah…

– Si, tengo un hijo. –respondi con voz serena al escuchar su tono de advertencia.

.

::: El silencio se hizo presente y podia escuchar los latidos de mi corazón que por poco sale disparado

de mi pecho, mis piernas

temblaron por los nervios y el pánico que me recorria entera. Se me hizo casi imposible respirar con

normalidad por la punzada que

sentia en mi pecho.

Froté mis dedos en la frente, la jaqueca amenazaba con aparecer, esa sería la cereza del pastel.

– Increible. -murmuró antes de soltar una risa sin gracia, como si le resultara imposible de creer. -¿Es

de Paul o de Vincent?

Porque tienes tantos amorios que ni siquiera se puede saber de quién és. -alcé mis cejas sorprendida

por lo que acaba de insinuar.

¿Por quién me toma?

No me faltaron las ganas de colgar el teléfono y seguir ocultándole que es su hijo, pero tomé una

bocanada de aire calmando mis

impulsos y pensando que ya era la hora de que lo supiera.

Días más, días menos, de todos modos lo iba a saber.

– Alexander. -dije su nombre sintiéndome realmente molesta, tomé un respiro y me repeti una y mil

veces que debería seguir

tratándolo de usted. -¿Usted cree que si alguno de ellos fuera el padre, yo estaría respondiendo a sus

repentinas preguntas o siguiera manteniendo esta inesperada llamada? Yo no deberia informarle a

usted sobre mi vida privada después del divorcio, no obstante, aquí estoy respondiéndole. -dije

completamente seria, mientras pensaba lo mucho que me costaba decirle directamente que él es el

padre de mi hijo.

De hecho, decirlo por llamada no era lo más apropiado.

– ¿Qué quieres decir con eso? Sarah, sé más directa, no estoy de humor para tus rodeos. -solté una

risa silenciosa por lo lento que está siendo, la ira no lo dejaba analizar mis palabras, el malhumor se

seguia notando hasta el otro lado de la linea, solo con su tono de voz y la respiración agitada, podía

darme cuenta que estaba cabreado, como si le afectara demasiado que hubiese tenido un hijo de otro

hombre.

Eso no debería importarle en lo más mínimo, después de todo, él me cambió por otra mujer, ¿acaso

no queria ser libre? ¿Con qué . derecho me reclamaba? ¿Se le está olvidando que estamos felizmente

divorciados?

– No creo que sea lo más adecuado hablar de este tema por teléfono, ¿qué tal si… -iba a invitarlo

mañana a casa para que conociera a Tristán, hoy no sería posible porque estábamos sobre la hora

para la pasarela de hoy, sin embargo, habló interrumpiendo lo que estaba por decir, estaba cegado por

la ira.

– Tanto te cuesta decir quien es el padrel ¿Acaso no lo sabes?-me quedé en silencio por unos

segundos, a punto de perder la poca

paciencia que me quedaba por lo molesto y poco racional que se estaba volviendo Alexander.

– ¿Tanto le afecta lo que haga o deje de hacer, con quién voy o con quién no? Si está muy interesado

en saberlo, solo espere que lo

presente el último día de la semana de la moda. Hasta luego. – finalicé la llamada, sintiendo mi

corazón latir a mil por hora.

Respiré hondo, recuperando la compostura.

Vale, Alexander ya sabía de la existencia de mi hijo, ahora el tema es decirle que era suyo y

probablemente no me crea, pero si le

queda dudas después de ver el gran parecido con él, podla hacerle cualquier prueba, yo lo iba a

aceptar,

Mi teléfono volvió a sonar, era él otra vez, ignoré la llamada y volvi a la habitación donde Maga estaba

desvistiendo a Tristán para

darle un baño.

Una vez más, el teléfono sonó y no me quedó de otra que apagarlo, ya no quería hablar sobre mi hijo,

cuando él me acusaba

indirectamente como una mujer fácil.

No quiso escucharme cuando le iba a proponer que viniera, antes de lo planeado, ahora iba a retomar

mis planes y él debia

esperar.

En el desfile de esta noche, Abby no paraba de burlarse de los chismes más recientes donde me

involucraban con mi propia familia, Paul no parecía muy contento con la nueva oleada de ataques,

pero lo calmé contándole lo que tenía planeado y lo mucho que iba a disfrutar ver la humillación en el

rostro de Amelia.

–¿Será que la vicepresidente tendrá el resto de la noche disponibļe? —preguntó Paul a mi lado,

cuando Abby se distrajo con . Vincent.

Lo miré avergonzada por haber arruinado la primera cita, pero esta noche no habla nada que impidiera

nuestra cita. — Esta noche está totalmente disponible para nuestra primera cita, no creas que se me

ha olvidado. –respondí lanzándole una

mirada de complicidad y automáticamente sonrió.

– Hoy no te dejaré escapar. –Susurro en mi oido y tomó mi mano para entrelazar nuestros dedos

sobre su pierna, lejos de

incomodarme, me agradaba su cálido tacto.

El desfile comenzó y di por finalizado el tema.

Le lancé una mirada a Michelle, quien estaba sentada a una distancia considerable, no pude evitar

sonreír con satisfacción.

Antes de venir, le habia contado a mi padre absolutamente todo y dejó que asistiera esta noche al

desfile, pues seria su última noche

en New York, porque mañana, después de firmar el contrato de colaboración, le iba a pedir su

renuncia inmediata.

Eso no hubiese pasado si se hubiese mantenido al margen y lejos de asuntos que no son de su

incumbencia.

Clavé mi vista en los diseños de esta noche que lucian unos mejores que otros, confirmando así, la

decisión de la junta directiva.

Nada ni nadie me distrajo hasta que la pasarela llegó a su fin.

Esta noche me iba a saltar cualquier otro evento para pasarla junto a Paul, quien me ha sido tan

paciente conmigo.

Antes de esfumarme, saludé a algunos representantes de las marcas de esta noche y me despedi de

mis padres y amigos, dejando a Jack a cargo de cualquier imprevisto.

Caminé enganchada del brazo de Paul, hacia la salida, mientras le preguntaba sobre el lugar al que

me iba a llevar, pero insistia en

que era una sorpresa y si me lo decía lo arruinaria.

Un cuerpo se interpuso en nuestro camino y la sonrisa desaparecio de mi rostro al darme cuenta que

era Alexander.

Lo que me faltaba.

-Sra. Petit, me parece que tenemos una conversación pendiente

su aura fría me produjo escalofrios, su fría e indiferente mirada

viajó de Paul hacia mí y fue imposible que mis manos volvieran a temblar al recordar nuestra

conversación por llamada.

– Buenas noches, Sr. Lancaster, creo que ha olvidado los modales. -Paul habló, antes de que pudiera

pronunciar palabra alguna,

me aferré a su brazo, como si fuera lo único que pudiera mantenerme estable ante la presencial de

Alexander.

– Disculpe, Sr. Dubois, pero no estoy hablando con usted, ¿se puede retirar? Necesito hablar con la

señora. -apreté ligeramente mi agarre en el brazo de Paul y le lancé una mirada mientras negaba

lentamente con mi cabeza.

– Lo siento, pero no pienso separarme de Sarah, lo que tenga que hablar con ella lo puede hacer

delante de mi. -Paul estaba rigido a mi lado, listo para defenderme de ese imbécil que se crela el

mandamás, sin embargo, no quise que se involucrara demasiado.

– Paul no se irá a ningún lado, creo que todo quedó claro, no tengo nada de qué hablar con usted. -

respondi con calma, sin que su

presencia me perturbara.

Enarcó una ceja mirando con hostilidad a Paul, como si verlo fuera lo más molesto para él.

– Oh, ya veo. Entonces es él. -dijo sin apartar la mirada del castaño. Paul me miró confundido y solo

me limité a acariciar su mano

para que no se preocupara por nada.

Volvi la mirada a Alexander, quien miraba con el ceño fruncido el contacto de mi mano con la de Paul.

– Ya le dije, Sr. Lancaster, el último día del desfile lo sabrá, claro, si es que está muy ansioso por

saberlo. No se desespere. – dije con

una sonrisa despreocupada. -Continue disfrutando del evento.

Tiré del brazo de Paul y caminé junto a él pasando por un lado de Alexander, pero nos vimos

obligados a detenernos cuando

habló.

– No hace falta esperar cuando la respuesta es más que obvia. El padre de su hijo es el Sr. Dubois. -

esta vez Paul me miró

confundido y supe descifrar su mirada.

Se dio cuenta que Alexander sabla de la existencia de mi hijo, pero era toda la información que le

dieron.

– ¿De qué está hablando? –me preguntó Paul solo para que yo escuchara,

Ya estaba cansada de Alexander, estaba actuando como si le debiera algo, como si fuera muy

importante para él saber sobre mi vida, o como si aún fuera su mujer cuando eso terminó hace años.

Es mi problema lo que hacia o con quién lo hacía.

Además, este no era el lugar adecuado para conversar de algo tan importante como lo es mi hijo.

-Sr. Lancaster, ¿le debo dar explicaciones de mi vida? Le vuelvo a recordar que nos hemos divorciado,

puedo hacer con mi vida lo

que me piazca. -dije tajante y noté como sus músculos se tensaban, esbocé una sonrisa antes de

decir. -Al fin y al cabo, son tantos mis

amorfos que no se sabe de quién pueda ser.-repeti sus mismas palabras, cuando insinuó lo peor de

mí, como si todos los chismes que

inventaron fueran reales.

Me miró con los ojos entrecerrados y su rostro se volvió rojo de ira.

No quise perder un minuto más de mi preciado tiempo y retomé mi camino junto a Paul que parecía

molesto por la situación y no

era para menos.

– ¿Qué está pasando, Sari? –preguntó Paul una vez que estuvimos dentro del auto y lejos de

cualquier persona que pudiera

escucharnos.

Me sentia mal por el momento tan incómodo que tuvo que pasar por mi culpa.

– Luego te cuento, Paul, no tienes nada de qué preocuparte. Lo importante es que, nadie va a arruinar

nuestra noche.