Quien no lo conozca, que lo compre.

El proyecto comenzó con buen pie a pesar de los problemas que rodeaban a mi familia y que hasta

ahora no habia soluciones

viables que no fuera casarme de nuevo con Alexander. El personal de Innova y LC que trabajarian con

las colecciones, ya estaban muy

bien instalados en la empresa, lo que me dejaba más tranquila por ese lado.

La puerta de mi oficina se abrió después de tocar un par de veces y el rostro de mi padre apareció en

mi campo de visión con Tristán

en sus brazos, le regalé una sonrisa antes de invitarlo a pasar.

—¿Estás ocupada? -preguntó mientras se sentaba en la silla al frente de mi escritorio. Dejé de teclear

en mi ordenador y aparté la

mirada de los documentos que tenia en la mano para prestarle atención.

Para ti jamás lo estaré. ¿Ya acabaste el paseo con mi bebe? -pregunté mirando a Tristán que jugaba

con el dinosaurio de juguete

que le regaló Alexander.

Por supuesto que no, solo estamos tomando un descanso, luego lo llevare al taller de Patrick junto con

Alexander, quiere ver a los diseñadores en acción.-Tristán, al escuchar las palabras de mi padre

asintió con efusividad y lo mire con sorpresa, pero sobre todo a mi padre, que parece estar cada vez

más cerca de mi exesposo.

Alguien por ahi va a seguir los pasos de la familia. dije dejando el nombre de aquel hombre en un

segundo plano.

– Si, mamá, Patick me va a enseñar, ¿quieres it con nosotros? la invitación de Tristán me dejó helada,

sin saber que responder,

sinceramente, estos dias he estado evitando a Alexander, porque estaba empeñado en hablar siempre

de un nosotros que ya no

existe.

Me gustaria, pero tengo mucho trabajo por hacer. -señalé los papeles sobre el escritorio y sus cejas se

juntaron al igual que sus pequeñas manos, tal y como lo hace cada vez que quiere convencerme.

Por favor, mami, ven con nosotros, solo será un ratito. su tierna voz de suplica me conmovió un poco.

Miré a mi padre quien

levantó sus manos como si se estuviera librando de culpas.

No me mires asi, no tengo nada que ver, sin embargo, si creo que deberias ir, ya sabes compartir un

momento con Tristán, ell trabajo puede esperar unos minutos. Vamos, cariño, acompáñanos. -Tristán

se movió inquieto estando de acuerdo con mi padre y luego de unos largos segundos asenti con la

cabeza.

Está bien, me han convencido, pero solo serán unos minutos. mi hijo gritó emocionado y chocó su

mano con la de mi padre

quien lo veia divertido.

-Eso no se lo enseñé yo. -dijo mi padre con diversión y no hacia falta preguntar para saber quién le

enseñó aquello. -Antes de irnos, venia a decirte que organizare una reunión en la villa por tu

cumpleaños. -lo miré confundida, pero pronto cai en cuenta que habia olvidado por completo mi

cumpleaños y por supuesto mi padre no iba a dejar pasar una fecha tan importante para él, claro que

iba

a celebrarlo.

-Papá, hay mucho por hacer, no tengo cabeza para celebrar mi cumpleaños, sabes que tenemos el

tema de los Dubois

respirándonos en la nuca, el proyecto que ha comenzado de maravilla, hay mucho trabajo en la

empresa. -me excusé con la intención

de que desistiera de la idea, pero en sus ojos pude ver que no iba a cambiar de opinión.

-¿Cómo voy a dejar de celebrar tu cumpleaños? Harias lo mismo por Tristán, ambos somos padres y

como padres queremos festejar un momento tan importante, no todos los dias se cumple treinta años,

además te tengo un regalo que no puede esperar. -solté un largo suspiro al ver su rostro emocionado

por la idea, no podia hacerle tal desaire a mi padre, después de todo, solo seria una reunión

en casa.

Está bien. -respondi al fin y me levanté de mi asiento tocando mi cuello que dolla desde esta mañana.

-Vamos a dar ese paseo por el taller, después debo hablar con Vincent.

De seguro estará con nosotros, ya están por llegar las modelos de prueba y debe estar presente. -

asenti con mi cabeza, me sentirla menos incomoda si él estaba con nosotros.

Tristán se bajo del regazo de mi padre de un salto y corrió hacia mi para tomar mi mano y caminar lo

más rápido que sus piernas se to permitian. Mi padre seguia nuestros pasos hasta llegar al taller de

Patrick, donde estaba reunido hablando con Alexander, Julián y las dos diseñadoras que estarian

representando a cada empresa.

-¡Ales! -Tristán me soltó la mano en el momento que vio a su padre sentado, quien volteó de inmediato

al escuchar su dulce voz y lo recibió en sus brazos cuando el pequeño corrió hasta él. -Mira, traje a mi

mamá. -me quedé de pie a una distancia considerable mirando a mi hijo que se veia tan feliz en los

brazos de Alexander.

Los ojos de Alexander se posaron en mi más de lo que deberia y le regalé una sonrisa fingida en

modo de saludo.

Por fin tu madre salió de su escondite, bien hecho. -esfumé la sonrisa cuando escuché que le susurró

a mi hijo sin vergüenza alguna y el pequeño me miró con diversión en su rostro. -Buen dia, Sarah,

llegas a tiempo.

Le lancé una mirada inexpresiva a Alexander y le sonrei a Julián, quien se levantó del asiento donde

ha estado todo este tiempo, con su mirada puesta en mi.

Sarah, me alegra que estés por aqui. Las modelos de prueba están por llegar, puedes tomar mi

asiento para que estés más cómoda. – Julián habló sin apartar un segundo sus ojos de mi rostro y la

sonrisa en mi rostro se ensancho antes de hablar.

Te lo agradezco, Julián.-caminé hacia él, bajo la atenta mirada de todos los presentes, hasta llegar a la

silla que sostenia para mi. -Qué bueno que aún existan caballeros. -tomé asiento a un lado de

Alexander y al frente de Patrick, este ultimo tenia una mirada de complicidad la cual ignoré, pues sabia

lo que pasaba por su mente y su gran imaginación.

No hay de qué, Sarah. -respondió Julián, quedándose de pie a mi lado.

El taller quedó sumido en el silencio por unos segundos, en los que miraba despreocupada las

muestras de tela sobre el escritorio de Patrick, hasta que alguien aclaró su garganta con la intención

de llamar la atención y luego, escuché la voz fria y profunda del hombre

sentado a mi lado.

-Pues, Sarah, mi asiento está más cómodo, siéntate aqui. -sus palabras me causaron gracia, pero por

fuera me mantuve con total seriedad.

¿A qué venia esto? Ya estaba sentada y no iba a cambiar de asiento solo porque él lo dice.

Sin apartar mis manos de las finas telas, le di un vistazo a Alexander, encontrándome con sus mejillas

ligeramente sonrojadas y el ceño fruncido. Tomé una bocanada de aire y mi mirada vacilante se posó

por un momento en nuestro hijo que apartó su vista de Alexander y me miró esperando que

respondiera.

– Gracias, ya estoy cómoda. -respondi simple, volviendo mis ojos a su rostro por escasos segundos y

le presté de nuevo toda mi atención a las telas de la mejor calidad.

El silencio volvió a reinar, pero no duró por mucho tiempo, pues la voz de Vincent sonó por todo el

taller, llenando mi pecho de

alivio.

Ya podia estar más tranquila con él aqui.

-Buenos dias a todos. Las modelos ya están aquí. -dijo con su voz seria, la que usaba cuando estaba

en el trabajo. Mi cuerpo se giró un poco para tener la mejor vista posible de la entrada de las tan

esperadas modelos. -Pueden seguir.

Las nueve modelos de prueba entraron una tras otra, todas eran altas, delgadas y muy bien

arregladas. Ahora toda la atención estaba puesta en ellas y disimuladamente, solté el aire que habla

estado reteniendo desde el momento que Alexander me dirigió la palabra.

Bienvenidas, todos estábamos esperando por ustedes, pasen, pasen, camina, quiero darles un

vistazo. -Patrick se levantó de un salto de su lugar y se acercó a las mujeres inspeccionándolas de

arriba abajo como solia hacer. -Están perfectas, los diseños serán todo un éxito, ¿cierto que si?

¿ustedes que opinan? Den sus opiniones, ustedes dos trabajaran con los cuerpos de estas mujeres.

—mi diseñador estrella les pidió a todos, pero más que todo a las dos diseñadoras que trabajarian con

él, después de todo, los tres llevarian a cabo cada uno de los diseños de las dos colecciones.

Sin embargo, detallé a cada mujer, mientras que todos estaban contentos con las modelos y daban

buenas opiniones de cada una, pero habla un pequeño detalle que no me terminaba de convencer y

aunque no estuviera en el contrato, no podia pasarse por alto, pues esto era lo que nos diferenciaba

de las demás empresas.

Lo siento,

me disculpé con Ada y Zafiro, el par de diseñadoras que estaban encantadas con los moldes con los

que trabajarian. Inmediatamente, todos guardaron silencio y nie observaton expectantes a lo que

estaba por decir. Lo que diferencia Doinel de otras marcas, es que diseñamos para todas las tallas,

¿dónde están las modelos curvy? No las van a incluir esta vez? Vincent abrio la boca para hablar al

darse cuenta de ello, pero no dijo nada, mientras que el resto lo miraba esperando que diera una

respuesta o una solución, después de todo, sigue siendo el presidente hasta que mi padre lo decida.

-No he querido decir nada antes, pero mi hija tiene razón, ¿quién se ha encargado de las modelos?-mi

padre le preguntó a Patrick, el pobre hombre palideció con el pequeño problema y habló rápidamente.

-Bueno, Sr. Doinel, sabemos que la Sra. Boyer era la encargada de las contrataciones, pero como ya

no forma parte del equipo, Paul se ha tomado la molestia de hacer ese trabajo, no sabia que

descartaria a las modelos de talla grande, por un momento pensé que seria diferente por ser una

colaboración a tres vias. -informó Patrick luciendo preocupado y mis alertas se activaron al escuchar

aquel

nombre.

No sabia si Paul lo hizo adrede para sabotear el proyecto o si desconoce que trabajamos con todo tipo

de modelos, aunque lo más probable es que sea la primera opción, pues aparte de ser socio, ha

trabajado durante años en la empresa, imposible que no lo

sepa.

-Vale, yo me encargo de esto, ustedes continúen, -intervine antes de que alguien dijera una sola

palabra y me levante de mi silla, dispuesta a ir a hablar con Paul sobre el caso y de paso analizaba su

comportamiento conmigo después de haberlo alejado drásticamente.

Al enemigo es mejor mantenerlo cerca.

Antes de dar un paso, Alexander se levantó con Tristan en sus brazos, obstruyendo mi paso y me miro

con el ceño fruncido, lucia molesto o preocupado, da igual como se esté sintiendo.

No irás sola. -dijo sin apartarse de mi camino y tuve que tomar un respiro para conservar mi paciencia.

Ignoré sus palabras y me alejé de él saliendo por el otro lado.

¿Quién se ha creido para decirme qué debo hacer o con quién debo ir?

¿Alguien huele eso? Huele a celos.

ambiente naturalmente incómodo.

escuché la voz divertida de Patrick cuando cruce la puerta saliendo del taller y de aquel

No le presté atención a aquellas palabras sin sentido y camine por el pasillo mientras saludaba a los

trabajadores que se cruzaban por el camino, pero no llegué demasiado lejos cuando senti una mano

tomando mi brazo y deteniendo el más minimo movimiento. Girė mi cabeza con frustración y el enojo

nació en mi pecho al ver sus ojos color miel.

¿Podrías apartar tu mano de mi? Si no es mucha molestia. -dije sin la más minima gracia, ardiendo

por dentro mientras miraba su mano que seguia aprisionando mi brazo, sin embargo, Alexander no

hizo caso, solo aflojo su agarre. Vale, no lo hagas. ¿Dónde has dejado a Tristán?

-Lo he dejado con Leonardo, no dejaré que vayas sola a la boca del lobo. -mi ceño se frunció casi en

automático, mis ojos no podian ocultar la irritación que su sola presencia me causaba.

¿En serio crees que pueda hacerme algo en mi propia empresa? No tienes de qué preocuparte, puedo

resolver esto sin ser respaldada por nadie. -aproveché la oportunidad para librarme de su agarre de un

solo tirón y cuando di media vuelta para seguir mi camino, Alexander habló.

A estas alturas, Paul es capaz de cualquier. Déjame cuidarte, ¿puedes confiar en mi?-cerre mis ojos

mientras esbozaba una sonrisa sin gracia, entonces, volvi hacia él, encontrándome con el brillo de sus

ojos.

¿Eso era posible a estas alturas?

No me pidas imposibles.solté sin esfumar la sonrisa de mi rostro, pero sus ojos se clavaron en mi

mueca y eliminé mi sonrisa de inmediato. No tienes por qué preocuparte por mi, nunca lo has hecho,

deja este juego ahora mismo. -dije sin poder ocultar un segundo más mi enojo y él dio dos pasos hacia

mi con las comisuras de sus labios levemente curvadas formando una sonrisa, a pesar de que sabia

que lo hacia para intimidarme, no retrocedi ni un poco, me mantuve firme en mi posición desafiandolo

con la mirada.

Cariño, no estoy jugando a ningún juego, me preocupo por las personas que me importan y tú me

importas más de lo que puedes imaginar, nunca he dejado de preocuparme por ti, no me pidas que

deje de hacerlo ahora porque eso nunca va a ocurrir, mi amor. –dijo tan cerca de mi rostro que pude

sentir su aliento fresco golpeando sutilmente mi rostro. Estaba tan atónita por las barbaridades que

acababa de decir que no me dio tiempo de reaccionar cuando sus labios dejaron un fugaz beso en la

comisura de mis labios. Este hijo de

Vamos, iremos a hablar con ese imbécil, digo con Paul. -sin más, comenzó a caminar en dirección a la

oficina de Paul, dejándome atrás estupefacta sin oportunidad de negarme a su auto invitación y con

ganas de darle un buen golpe para que dejara de ser tan idiota.

Apreté mis puños en el aire en un intento por calmar mi enojo que cada vez era más grande.

Nunca he dejado de preocuparme por ti.-repeti sus palabras en una mala imitación de su voz. -Quien

no lo conozca, que lo

compre.

No me quedó de otra que seguir sus pasos, sin dejar de sentirme de mal humor, después de todo, solo

haré un pequeño reclamo, no seria nada del otro mundo. Mis tacones resonaban detrás de Alexander,

justo cuando llegó a la puerta de la oficina de Paul, se detuvo

para esperar por mi.

Primero las damas. -abrió la puerta sin antes tocar, como si no le importara que Paul pudiera estar

ocupado o simplemente no

estar. -Estoy siendo todo un caballero, aún existen.

Pasé sin mirarlo, ignorando lo que acababa de decir y cuando Paul me vio se levantó de su asiento

con una sonrisa en su rostro, lat

cual se esfumó al mirar detrás de mi.

Sarah, qué sorpresa tenerte por aqui. Pasa, toma asiento. -me señaló la silla frente a él, apenas la

miré, pero no me senté, me quedé de pie observándolo. -¿Tenias que venir con este señor?-preguntó

refiriéndose a Alexander quien se detuvo a mi lado, como si quisiera protegerme de cualquier cosa

que Paul pudiera hacer.

Pero, repito, Paul no es capaz de hacerme daño en mi propia empresa.

Abri la boca para responder, pero las palabras se quedaron atascadas en mi garganta al escuchar que

Alexander se adelantó.

Por supuesto, tengo que estar al lado de mi mujer, hemos estado mucho tiempo alejados y ahora no

somos capaces de separarnos ni por un segundo, ¿cierto, cariño? -por poco me atraganto con mi

propia saliva con la gran mentira de Alexander, mi cabeza se volteo sin ningún cuidado para poder

mirarlo con sorpresa y confusión.

Pero que está diciendo este imbécil.

Necesito mucha, mucha paciencia, porque Alexander acababa con ella con mucha facilidad.