Capítulo113

Las palabras de Bruno eran como un hechizo que siempre resonaba en la mente de Dafne, perturbándola y dejándola inquieta.

Al día siguiente, cuando Dafne fue al hospital a ver a Agustín, siempre tenía una expresión de preocupación en su rostro.

-Dafi, ¿en qué piensas? -preguntó Agustín.

La chica parpadeó un par de vecesydesvió la mirada paranomirarlo-. Eso… ¿qué pasa con

esa Tania?

Agustín sonrió de manera enigmática-. ¿Celosa?

Dafne intentó mostrarse indiferente, inflando sus mejillas-. Claro que no, nunca me habías hablado de ella, solo preguntaba.

Al pensar en cómo esa mujer había secuestrado a Jana y había intentado herirla, Dafne se sentía no solo celosa, sino también enojada-. ¿Dónde te metiste con ese lío? ¡Está loca!

Agustín le hizo un gesto para que se acercara-. Dafi, ven acá.

Dafne obedeció y se sentó junto a su cama.

Agustín le tomó la mano con seriedad. Ella fue mi compañera de secundaria. Me persiguió intensamente, pero yo la rechacé claramente. Luego, terminó en la misma universidad que yo y siguió insistiendo, pero nunca le di esperanzas.

Dafne bajó la mirada, haciendo un puchero-. ¿Eso es todo?

Agustín le pellizcó la mejilla-. Sí, eso es todo. Apenas hablábamos, ni siquiera

intercambiamos contactos.

Dafne guardó silencio un momento antes de preguntar-. ¿Por qué se mantuvo tanto tiempo? Diez años,no son diez días ni diez meses.

Agustín rio con resignación. ¿Cómo voy a saberlo? Todos a mi alrededor sabían lo frío que era con ella; no hemos hablado más que unas pocas veces en diez años.

Dafne se acercó más, resoplando-. ¿Cuántas veces son “unas pocas“?

Agustín soltó una carcajada-. Cinco, seis, tal vez siete u ocho…

-¿Y de qué hablaban tanto? -preguntó Dafne, haciéndose la molesta.

Agustín solo veía lo adorable que era su expresión celosa,susojos llenos de ternura y una sonrisa en sus labios-. Nada importante, solo un par de veces cuando rechazaba sus confesiones en la secundaria, casi no hablamos después.

-¿De verdad no sentiste nada por ella? -Dafne preguntó, aún dudosa-. Es bastante guapa.

-No sentí nada -dijo Agustín, mirándola con amor-. Hace tiempo que mi corazón pertenece a

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alguien más. No hay espacio para otra.

Dafne preguntó con picardía-. ¿Alguien más? ¿Quién?

Los ojos de Agustín brillaban con diversión-. ¿Tú qué crees?

Dafne murmuró, haciéndose la desentendida-. Si no lo dices, ¿cómo voy a saberlo?

Para Agustín, su actitud era un claro acto de ternura, y su corazón se derretía ante su dulzura.

No podía resistirse.

Con una voz llena de risa respondió-. No hay nadie más, solo tú.

Dafne desvió la mirada-. Cuando ella te confesó sus sentimientos, tú estabas en secundaria. Yo, en ese entonces, era solo una niña.

No podía ser que le gustara desde entonces, ¿verdad?

Agustín confesó-. En la secundaria no tenía intención de enamorarme.

De repente, Dafne sintió curiosidad. Miró a Agustín, parpadeando con sus hermosos ojos almendrados-. Ahora que lo pienso, ¿cuándo empezaste a gustar de mí?

Agustín reflexionó. Al principio te veía como una hermanita, pero no sabría decir cuándo esos sentimientos empezaron a cambiar.

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