Capítulo219

Melodyllegóa casajustoalatardecer,después de llevar a Eric a dar una vuelta por elsupermercado. Loscajerosya sabían que tenía un hijo súper encantador y cada vez queibanlossaludabancon un-¿Pequeño Eric,hoytambién viniste a comprar golosinas con

mamá?–

Hoynotoca golosinas-,le dijoEricimitando a los adultos con un gesto serio. -Mimamádijo que vamosahacerunaparrillada en casa–.

La gentealrededorsereía y elogiaba a Eric por lo listo que era. Con un niño tan encantador, Melody prácticamente tenía a todo el vecindario en el bolsillo. Mientras Melody se llevaba a Eric de la mano, los comentarios sobre la suerte que tenía por tener unhijotan inteligente seguían resonando detrás de ellos.

Alllegar a casa, MelodyyEric se pusieron a lavar las verduras en la cocina y prepararon todos los ingredientes para la parrillada, dejándolos listos en platos sobre la mesa. Una vez todo estuvo listo, Melody vio cómo Eric miraba fijamente la parrilla que empezaba a humear y sonrió, -Lávate las manos y trae una silla, yo voy a llamar a tu tío Trey-.

-¡Vale! Eric saltó sobre la silla mientras Melody se dirigía a la habitación donde solía quedarse Leonora. Tocó la puerta dos veces, y como no le respondió, habló con cortesía: -Disculpe…—

Al abrir la puerta, encontró a Trey quitándose la camisa, de espaldas a ella. Su espalda musculosa se tensó al moverse.

Melody se quedó de piedra, -Tú…—

Sin inmutarse, Trey arrojó la camisa al suelo y se acercó a ella sin camisa, preguntándole con despreocupación, -¿Ya es hora de la cena?–

Su actitud era la de un joven de familia adinerada, y Melody parecía su empleada.

-Es tu primer día aquí, así que Eric y yo hemos preparado una parrillada. Compramos algunas cosas, no sé si te gustarán…-

Trey se acercó aún más, todavía sin camisa, -¿Tienes algo que pueda ponerme?–

-¿Eh?– Melody no entendía a qué se refería.

Trey señaló la camisa que estaba tirada en el suelo. Melody intentaba no fijarse ensutorso definido y musculoso, -Es muy pequeña, no me entra—.

Después de pensar un rato y con cierta dificultad, Melody logró decirle, -Creo que… sí hay una-.

Buscó por todos lados hasta que, al fondo de una maleta, encontró una camisaquehabía comprado en oferta. Cuando se la llevó a Trey, él la tomó y se lapuso conuna facilidad

que dejaba versuslargos dedos abrochando cada botón. Luego se ajustó elcuelloyse

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miró enelespejodecuerpoenteroquehabíaenlahabitacióndeLeonora.

Mmm,noestámal.¿Tienescamisasdehombre también?– le preguntó.

Melody setensóantesde responderle, -Era de…de alguien que ya no está.EstabapensandoenBriar, pero esa era una historia para olvidar.

Treysimplemente asintió y salió de la habitación con pantalones de pijama, bostezandoypreguntándole, -¿Qué baño puedo usar?–

-El de la izquierda. Te dejé una cepillo de dientes y una ta nuevos al lado, Eric los escogió para ti cuando fuimos al supermercado-.

Trey murmuróunagradecimiento y alzó la vista hacia sus nuevos utensilios de aseo personal.

Lo que vio fue un vaso con la imagen de Peppa Pig y un cepillo de dientes de color rosa.

Eric, con sus pequeñas piernas, corrió feliz hasta la puerta del baño y le preguntó, -Tío Trey, ¿te gustan el cepillo de dientes y el vaso nuevos?–

Trey se tragó sus palabras y finalmente consiguió decirle con rigidez, -Sí, me gustan-.

Eric sonrió, -¡Sabía que te gustarían! Antes me gustaba Peppa Pig, pero ahora me gusta Spiderman-