No obstante,parecíaemocionado. «Es una excusa que me diga que no tiene ganas de conducir, ¿no? Quieres reconciliarte conmigo y por eso viniste a verme». Volvió a mirarlayse diocuentaque lucíaigualque cuandoerajoven. Tenia mal carácter y cuando peleaban en el pasado,ellasemarchaba y lo dejaba solo. Sin importar lo mucho que él intentara convencerla, ella lo ignoraba,perocuando se impacientaba, seacercabaaél y utilizaba excusaspatéticasparareconciliarse. Eso mismo estaba haciendoenesemomento. Aunque no estabaenferma,ella ledijoesopara

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conélalacasa.

-Vamos

Alejandro agarró las llaves de su auto y ya no estaba de mal humor. Por otro lado, Victorianosabia en qué estaba pensando y, al verlo salir, se apresuro a alcanzarlo. En cuanto llegaron al estacionamiento, Claudia lo llamo. Alejandro sacó el teléfono y se quedó atónito al leer el nombre de ella. Victoria notó el cambio en su expresión.

-Esperaré aquí -dijo la joven sin siquiera volverlo a mirar.

Luego, se alejó de él: Alejandro frunció los labios y sujetó con fuerza el teléfono. Por otro lado, Victoria se aburrió mientras lo esperaba. Ella tenia un humor distinto en comparación de la última vez que Victoria esperó a que Alejandro terminara su llamada con Claudia. En aquel entonces, aún no se habia dado por vencida con él y se sentia incómoda al ver que le respondía a esa mujer, pero, ya no la afectaba ni le importaba.

3/3Pobre niña

Alejandro escuchólavozgentil de Claudia.

-¿Saliste detrabajar,Ale?Supongo que estás libre ahora y por eso te llamé.

-Si–respondió mientras miraba a Victoria-. Acabo de salir.

-Grandioso; no queria molestarte. ¿Cómoestála abuela? He estado preocupada por ella y no pude descansar bien en el hospital. Si tan solo le agradara, podría haberla visitado.

Cadavez que nombrabaasu abuela, Alejandro se angustiaba por ella..

-Deberías preocuparte por recuperarte en este momento -respondió en voz baja-. No le des importancia a otros asuntos.

-Está bien, Ale.Esque estoy preocupada por ella. ¿Puedes llevarme a verla el día que la operen? Quizás no esté molesta si me ve.

¿El día de la operación? Alejandro frunció los labios y pensó un momento, pero llegó a la conclusión de que era posible hacerlo aunque todo dependía de cómo fuera la situación ese día.

—Te lo diré el dia que sea la cirugía.

Claudia no esperaba que él aceptara, pero aun así le sugirió eso. El hecho de que no la hubiera rechazado significaba que tenía una oportunidad.

-Está bien. ¿Puedes venir ahora? No quiero molestarte, solo te extraño un poco. Además, me duele demasiado la herida. El doctor dijo que tardará mucho tiempo en sanar.

Alescucharla, Alejandro frunció el ceño. Él en verdad tenía tiempo libre y le prometió que iría a verla, pero… Miró a Victoria.

-Quizás otro día. Cuídate.

Comoéllahabíarechazado dos veces,a Claudia se le desfiguró el rostro, pero no tenía alternativa más queaceptarsu decisión.

-Está bien.

Victoriaesperóunos tres minutosy,alverque Alejandro continuaba conversando, sacó elparahacer unalistacon lo que iba a hacer el día siguiente. Sin embargo, luego de utilizarsuteléfono un momento, Alejandro estaba de pie detrás de ella de repente.

suyo

-Vámonos.

Lajovense sorprendió porque noesperabaqueél cortara la llamadaencuanto ellasacósu

teléfono.

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-¿Terminaste? Qué rapidez -dijo al mismo tiempoqueloguardabaensu bolso.

-¿Rapidez?-preguntó de manera sombría-. ¿Cuánto tiempo quieres que dure la llamada?

-¿Podemos irnos? -comentó avergonzadaycambió el tema de laconversación.

Lajoven habló en un tono devozelevadoya Alejandro se le desfiguró aún máselrostro.

-¿Vasaquedarte aquí?

Al escucharla, decidió acercarse al auto con una expresión apática. Victoria permaneció de pie. perpleja. ¿Acaso no estaba conversando con su enamorada? ¿Por qué está de tan mal humor luego de hablar con ella?». De todos modos, no tenía intenciones de pelear con él; aunque fuera un asunto simple que pudiera arruinar el humor de ambos, no quería arriesgarse. Después de todo, necesitaba que él la protegiera.

Si se iba y volvia de la compañia con Alejandro, quien quisiera vengarse de ella no podría atacarla con facilidad al estar con un hombre. Al pensar en ello, aceleró el paso y lo alcanzó. A partir de ese día, además de los lugares seguros y familiares, ella se iria junto a Alejandro a la compañía. No utilizó su auto y se aseguró de no estar nunca sola.

El comportamiento de la joven hizo que Alejandro recordara el pasado; cuando eran niños, ella solia estar siempre con él. En aquel momento, a él no le molestaba, por el contrario, le agradaba y, si ella queria, podría seguirlo por el resto de su vida. Al recordar aquello, Alejandro comenzó a analizar sus sentimientos; sin embargo, cada vez que lo hacía, recordaba a otra mujer, que lucía lamentable y frágil, pero se arriesgó para salvarle la vida y siempre fue muy considerada con él. Además, él le había prometido que siempre la cuidaría.

Al darse cuenta del dilema en el que se encontraba, sintió como si el destino le estuviera jugando unamalapasada; de lo contrario, ¿cómo era posible que se enamorara de dos personas al mismo tiempo? Mientras pensaba en ello, dejó el bolígrafo en el escritorio porque ya no tenía ganas de trabajar.

Al cuarto día, Benedicto le envió un mensaje para informarle que debían llevar a Griseldaalhospitalyque estuvieran preparados para la cirugía. Todos en la familia Calire dejaron de hacer sus tareasyse enfocaron en la operación de la anciana. Cuando Adrián terminó su trabajo, regresó del extranjero para cuidar a Griselda en el hospital.

Luegode realizar el registro, llevaron a Griselda en una silla de ruedas a la habitación vip. El lugarestababien equipado y tenía calentador de agua, televisor y losa radiante. Además, estaba muy limpioypodía percibirse la fragancia del desinfectante.

-Puedo oler el desinfectante comentó María en cuanto ingresó.

Cuando se volteó, notó que Victoria estaba abriendo las ventanas para ventilar; aunque eraapenasunaromayleparecíainsignificante, no pudo evitar levantarle los pulgares a la joven. Su nueraerasensible, hermosa, muy hábil y creía que su hijo era muy afortunado por haberse casado con ella. El hombre afortunado en el que pensaba estaba hablando por teléfono afuera delahabitación y, por eso, María puso los ojos en blanco.

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-¿No es grandioso, señora Griselda? Es un lugar grande y hermoso.

Laanciana observó elespacioen cuanto ingresó y asintió satisfecha.

-No puedo ser exigente si tienen tan buenas instalaciones en la habitación.

-Noesnecesario queseasexigente porque esta es la mejor habitación disponible -dijo Adrián sin rodeos.

-Si no tienes nada bueno que decir, no hables -comentó Maria luego de hacer un sonido con la

boca.

Como ella lo reprendió, se sintió humillado y no dijo nada. Al mismo tiempo, Alejandro ingresaba luego de finalizar la llamada.

-El doctor Suria nos dijo que la cirugía será mañana por la tarde.

Al escucharlo, todosseacercaron a Griselda.

-¿Por qué me miran asi? -preguntó la anciana.

-No te alteres, abuela. Es una cirugía simple y, antes de que siquiera lo notes, ya habrá terminado explicó Victoria.

-Si, he decidido tomármelo con calma y mantenerme tranquila -dijo Griselda-. Nosepreocupen por mi.

En realidad ella quería decirles que, si moria durante la cirugía, debía aceptar su destino, al

pero recordar cómo Victoria se molestó cuando mencionó lo mismo aquel día, la anciana prefirió no repetirlo. Luego, miró a Victoria, que estaba muy nerviosa y la observaba. -Pobre niña».