Capítulo78Dame unabrazo
Victoria nuncaseimaginó que Jazmín optaría por la opción inteligente de llamar a Alejandro.Lahabría halagadoporsuinteligencia si no fuera por la pelea que mantenía.
Además, el hombre podia regañarla tras enterarse del incidente de esa noche. El solo pensar en alguien como su padre regañándola le causaba frustración. Por lo general, los hombres trataban asusparejas de forma gentil para no asustarlas, pero Alejandro se malhumoraba como lo haría un hermano. Era por eso que suponía que no sentía nada por ella. Mientras estaba absorta en sus pensamientos, se escuchó el sonido firme de pasos.
-Señor Moreno dijo el hombre fornido de la puerta.
-¿Señor Moreno?». Victoria quedó estupefacta con el apellido.
-¿A dónde está? -preguntó el hombre con voz distante, pero conocida.
-La señorita Selva está allí.
—Bueno, puedes irte. —La voz era grave y ronca.
La mujer se mantuvo sentada sin moverse, ya que había quedado estupefacta tras enterarse de la identidad de la persona. Los nombres de sus viejos conocidos se le habían cruzado por la mente, a excepción de Bautista Moreno. ¿Por qué es él?».
Bautista encabezaba la lista de personas que más odiaba cuando eran jóvenes. Si bien era uno de los amigos de Alejandro, nunca la habia respetado. Ese idiota le tocaba todo el tiempo las trenzas y por eso lo odiaba. Más allá de que la llamaba Tori, lo resentía mucho por contarle historias de Alejandro y Claudia.
“¿Por qué no viniste a la fiesta de cumpleaños de Claudia? Alejandro le regaló un collar hermoso. ¿Lohasvisto?».
-Ayer, Claudia invitóaAlejandro a una baile de máscaras y ganaron el titulo de mejor pareja. ¿Por qué no viniste?».
-Claudia le dioaAlejandro un suéter hechoamedida. Ella misma diseñó el dibujodela espalda y le bordólaspalabras en el hombre derecho. ¿Lo has visto?».
Bautistaseguía hablando de eso frente a Victoria y cada vez que lo hacía, ella siempre decía con seriedad: «Deja de contarme eso, Bautista. No me enterado de nada y no quiero saberlo. ¿Me escuchaste?. Sin embargo, parecia que no podía entenderla porque nuncasedetuvo. De a poco,ellase hártó hasta que un dia escuchó en el jardin pequeño al propio Alejandro decir solo
que pensaba en Claudia.
Victorianuncalevolvióa hacer berrinchesaBautista después deeso, ni siquiera cuandosentiacelos. No querer saber sobre ellos no cambiaba la verdad, ya que él solo estaba enamorado de Claudia. Luego,cuando Bautista notó su silencio cada vez que hablaba de ellos,nunca más los mencionó. Eldíaquese fue delpaís, todos lo despidieron excepto Victoria. El le había enviado un
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mensajeyle había pedido a Alejandro que le comprara un regalo de su parte.
«Nos vemos, Tori».El regalo fue una bufanda. El color y la textura eran de su preferencia, pero la dejó enlacajadespués de echarle un vistazo y nunca volvióaabrirla.
-Come unpocomás. No tocaste la comida después de probarla. ¿Has cambiado tus gustos? ¿O esto no es de tu preferencia?
Victoria se dio vuelta para ver a la persona que llegaba. Cinco años habían sido suficientes J borrar la apariencia adolescente y se veía más maduro y elegante con un dejo de sabiduría reflejado en su expresión. Estaba bien vestido con una camisa blanca y un traje oscuro. Tenía un pasador en la corbata de color claro, y era el motivo de su expresión, ya que no se imaginó que lo tendría después de tantos años. Su mirada penetrante al examinarlo hizo que Bautista levantara una ceja y sonriera.
-¿Qué sucede? ¿No me reconoces, Tori?
Perdió los cabales tras escuchar el apodo.
-¿Quién es Tori? ¿Quién te dio derecho de llamarme así?
Sonrio al ver las mejillas infladas.
-Luces como un pez globo. ¿No eres mi pequeña Tori?
¿Pez globo?. Le frunció el ceño.
-¿Puedes dejar de ponerme apodos?
–
-Bueno, bueno. Se le acercó con una sonrisa afectuosa y le despeinó el cabello-. Dame un
abrazo.
-¿Un abrazo?». Antes de que pudiera reaccionar, el hombre abrió los brazos y se acercó. El olor a cigarrillo era fuerte. El hombre percibió el leve aroma de Victoria al abrazarla, lo que hizo que sintiera mayor satisfacción. Habían pasado cinco años y nunca se habia olvidado de ella. De haber ido al aeropuerto hacia cinco años, no habría necesitado esperar hasta ese día por un abrazo. Sintió una sensación delicada y de satisfacción, pero un vacío en su interior. No se atrevió a abrazarla con fuerza porque podía asustarla.
-Te has convertido en una gran mujer, Tori. Hermosa, pero delgada.
De repente, Victoria se acordó del mensaje que le habia enviado antes de irse. Era conmovedor que alguien la extrañara a pesar de los años de separación. Aun así, consideraba que era inapropiado abrazarse cuando nunca habian sido amigos. Justo cuando estaba por empujarlo, vio por sobre el hombro que había alguien de pie en la entrada. Era Alejandro, quien se habia apresurado encuantorecibió el mensaje de ayuda de Jazmin, con ropa desarreglada.
Con miedo de que Victoria no pudierasalir, hizo todo lo posible para llegar al lugar. Mientrastratabade recuperar el aliento, vio lo que sucedía y su expresión se torno hostil, ya que no podía reconoceralhombre que estaba de espaldas.Ante la mirada desconcertada de la mujer,sonrió de
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”
formapocoamistosa.
-Venaquí, Victoria.
La frustracióneraevidente en lavozde Alejandro, lo que implicaba que había perdido la paciencia.Porun momento, Bautista quedó estupefacto por la voz, pero luego sonrió. Con miedo de que Victoria lo empujara, el hombre enseguida la abrazó de la cintura y le susurró:
-¿No quieres saber cómo reaccionará si no haces lo que dice?
“¿Cómo reaccionará?». Victoria no tenía que pensar dos veces para saber que dañaría el ego de Alejandro, dado que eso había sucedido varias veces, por lo que conocía la respuesta.
-No…
Antes de que pudiera terminar de hablar, Alejandro se acercó con una expresión sombría. ¡Pum!