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Capítulo87Tratardeatacarla
La sala privada quedó en silencio. Quienes vitoreaban y veían un buen espectáculo se quedaroncallados;sesintió una sensación escalofriante en el ambiente. Alejandro se mantuvo sentado allí y miró a Elena con una expresión sombría y despiadada. La mujer ya no se atrevía a ser arrogante mientras se encogía. Cuando se topó con la mirada del hombre, sintió que estaba listo para matarlaysolo podía esconderse detrás de Claudia con miedo. Claudia apenas podia sonreír mientras le echaba un vistazo a la mujer detrás de ella.
-Por favor no te enojes con ella, Ale. Es directa, pero no tiene malas intenciones. Elena, disculpate con Victoria ahora le rogó, sin otra opción.
Elena estaba molesta, ya que preferia irse al infierno antes que disculparse con Victoria. Sin embargo, cuando se acordó de la mirada aterradora de Alejandro, se dio vuelta a mirarla y dijo entre dientes apretados:
-Lo siento.
-Elena no quiso ofenderte, Victoria. ¿Puedes perdonarla?
Victoria se sentó tranquila sin responderle. Por otro lado, Alejandro, incesante, frunció el ceño y resopló:
-¿Crees que una disculpa es suficiente? ¿Qué tratabas de hacer?
Tras escucharlo, Elena quedó atónita.
-N–nada.
-Tratabas de atacarla, ¿no?
-No, solo…
-Ale–dijo Claudia, nerviosa.
-Le rogué, pero ¿por qué no está dispuesto a perdonar a Elena?».
Trasescucharla, Alejandro miró a Claudia, ya que lo conmovió de algún modo. La mujer tenia los ojos enrojecidos; era como si estuviera a punto de llorar. Había sacrificado su vida para salvarlo y, después del incidente, él le había jurado que siempre la protegeria. Como le habia rogado, se suponía que debía perdonar a su amiga. Sin embargo, todo en lo que él pensaba en ese momento era enunapersona en particular. No podía centrarse en nada más que la determinacion y la mirada distante de Victoria.
A pesardeque la humillaron frente a tantas personas, parecía que no estaba para nada afectada. Era como si lo que sucedía no estuviera relacionado con ella. No obstante, Alejandro recordó que cadavezque a lamujerla trataban de forma injusta en el pasado, ella le sujetaba la ropa y lucia miserable mientras lloraba, esperando que él la defendiera De repente, se acordó de lo que Victoria le habia dichoesanoche. Le había preguntado que pensarían todos de ella si creyeran
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que su matrimonio era una farsa.
Además de sus colegas, inclusosusamigas habían comenzado a odiarla al descubrir la verdad. La amiga de Claudia incluso quería atacarla. Si el incidente de ese dia no hubiera ocurrido, Alejandro nunca habría entendido cómo se sentía Victoria cuando le hizoesecomentario. En un principio, pensó que no estaba contenta de que solo la consideraran su esposa, a pesar de esforzarse para probar su valor, pero no fue hasta ese momento que se dio cuenta de lo que pensaba cuando le hizo ese comentario esa noche.
Victoria era como una desconocida que era impasible con lo que sucedía con su vida. Si todavía estuviera insatisfecha con su vida, no habría ido a la reunión. Como estaba alli, demostraba que ya no le molestaba lo que sucedía a su alrededor. Al darse cuenta, Alejandro se sintió conmovido, frunció los labios y rechazó por primera vez el pedido de Claudia.
-No me molesta perdonarla, pero nunca más puede aparecer frente a mi.
Tras escucharlo, todos entendieron que el hombre le ordenaba a Elena que se fuera de la sala privada. Elena sujetó la ropa de Claudia y abrió grande los ojos, incrédula.
-Claudia…
Había sido arrogante porque creía que su amiga era importante para Alejandro. Siempreycuando ella le rogara, el hombre no le haría nada, pero para su gran sorpresa, había asumido mal.
-Ayúdame, Claudia rogó en voz baja mientras le sujetaba la ropa.
Claudia estaba en un dilema, ya que quería ayudarla porque estaba deseosa de demostrar frente a todos que era importante para Alejandro, pero el hombre estaba decidido y ni siquiera la miró. Norberto, quien se habia mantenido callado, ya no pudo soportarlo.
-Deja de rogar piedad, Claudia. ¿Acaso no ves que está furioso?
Tras escucharlo, la mujer recobró los sentidos y le echó un vistazo a Alejandro. El hombre tenía la cabeza gacha y no se podía percibir las emociones en su mirada. A pesar de eso, era evidente que estaba molesto. Está enojado“. Claudia entendió que, si le pedía que perdonara a Elena unavezmás, pensaría mal de ella. «Nadie puede evitar que conquiste a Alejandro, ni siquiera Elena».
-Lo siento. ¿Por qué no tevasacasa? -dijo de forma gentil tras empujarle la mano.
Elenala miraba de forma incrédula. Claudia se mordió el labio y le dio una indicación a la mujer. Nuncasehabría imaginado que la desestimaría con tanta rapidez. Quería gritarle y maldecirla,perono podía permitirse ofenderanadie a excepción de Victoria.
-¡Victoria!–.Miróa la mujer con resentimiento antes de irse del lugar, avergonzada.
Después dequese fue, la sala privada quedó en silencio y todos lucian avergonzados. Aquellos que le habían insistido a Alejandro y Claudia que bebieran dejaron de hacerlo y noseatrevieronabeber de nuevo. Estaban estupefactos, ya que se decía que el matrimonio de Alejandro y Victoriaerauna farsayqueClaudia era indispensable para él. Ese era el motivo por el cualseburlaban de forma imprudente de Victoriayasumieron que Alejandro no se molestaria porque Claudia estaba
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allí.Parasu gran sorpresa, parecia que la mujer ya noeratan importante para él y no pudieron evitar pensar que todohabíacambiado con el paso del tiempo.
Despuésde queElenasefue, Claudia tenía una expresión sombría yyano podía sonreír.
-Lo siento, necesito ir al baño -dijo poniéndose de pie un momento después.
Luego,se fue y al verla, sus amigas la siguieron en silencio. En un instante, el ambiente se tornó incómodo, pero algunos de ellos no se inmutaron, incluido Bautista. Después de que Claudiasefue, se puso de pie de forma repentina con un vaso con jugo y se sentó al lado de Victoria.
-Aquí tienes.
La mujer miró el jugo, sorprendida.
-Parece que te gusta mucho este jugo. Da la casualidad de que no me gusta lo dulce, asi que será mejor que no lo desperdiciemos.
Victoria quedó atónita por un momento. De forma inconsciente quiso mirar a Alejandro, pero se detuvo. Como todos sabían que su matrimonio era una farsa, no tenía que preocuparse por sus sentimientos, así que, de forma tranquila, tomó el vaso y le sonrió a Bautista.
-Gracias por darme tu jugo.
Tenia intenciones de pedir otro y, de no ser por la escena de antes, ya lo estaría bebiendo. En el momento en el que tomó el vaso, sintió la mirada penetrante de alguien en particular.