Capítulo 221

Capítulo221

Cuando me llevaron al hospital, todavía estaba algo aturdida.

Mis manos bajaron instintivamentey,como esperaba, había mucha sangre. Pero, ¿por qué no sentía dolor? ¿Por qué no sentía nada?

La enfermera me dijo una y otra vez que me tranquilizara, que respirara hondo, pero¿por qué deberíaestartranquila?

No fue hasta que vi la cara seria de Diego que me di cuenta de que estaba llorando.

“Doctor Arenas, mi bebé…”

“El director y yo haremos la operación, es un procedimiento menor,tranquila. Violeta te ha preparado un caldo de pollo para después de la operación, tómatelo y duerme un poco, todo estará bien…”

Él y algunos otros médicos empujaron mi camilla. Cuando levanté la vista hacia sus labios apretados, me dicuentade que era la primera vez que lo veía tan preocupado.

Quizás sintió mi mirada,yaque luego bajó la cabeza. Esa vez no fue tan sarcástico, solo dijo una palabra, “Tranquila“.

De repente, sonreí, diciéndole, “Dile a Violeta que no venga.”

Jonathan había sido el amor platónico de Violeta en la universidad, el amor que nunca pudo ser. Sabía que ella decía odiarlo, pero ensucorazón todavía guardaba recuerdos de aquel Jonathan de la universidad, al igual que yo.

Sisupiera en lo que se había convertido ahora,¿perdería toda esperanzaenelamor?

No supe si lloraba por ella o por mí, pero las lágrimas siguieron cayendo.

Finalmente, bajo la anestesia, cerré los ojos. Cuando desperté, el bebé en mi vientre se había ido.

En ese entonces tuve una sensación extraña. Aunque mi vientre estaba plano, anteriormente pude sentir como si tuviera un bebé adentro.

En ese momento,con el vientre igual de plano, supe que había perdido una pequeña vida.

“ilris!” Violeta y Estrella aparecieron frente a mí, ambas con los ojos rojos e hinchados como los de un conejo.

“¿Qué pasa…?”Pregunté forzando una sonrisa.

Mi voz sonó horrible, como un piano desafinado, por lo que rápidamentecerréla boca.

Violeta estalló en lágrimas, diciendo, “Maldito Jonathan, ¿cómo pudo hacerestoel muy idiota? ¿Por quénolo golpearon hasta matarlo?¡Hasta dejarlo idiota estaría bien! Fue demasiado, tu bebé, tú…”

Violeta lloró inconsolablemente, mientras Estrella, quien estuvo a punto dellorar,se obligó a contener las lágrimas, luego apretó mi mano con fuerza, diciendo “¿Te duele algo? ¿Hay algo que quieras comer?Yote lo compro.”

Levanté levemente su dedo con el mío y luego negué con la cabeza.

“Ese bebé, de todas formas no podía quedarse, ¿acaso no conocen mi situación? Ibaasuceder tarde o temprano, no hay problema, ya lo había superado.”

Luego las tomé a las dos de la mano,tratando de consolarlas con voz suave.

Pero el llanto de Violeta se hizo más fuerte, hasta que finalmente atrajoaDiego.

“Violeta, ¿ya terminaste? Si no lo supiera, parecería que tienes una enfermedad grave.”

Él se acercó sin expresión, revisó mi suero, y luego me tomó la temperatura.

“Tienes un poco de fiebre,tucuerpo es como una bicicleta destartalada,apenas puede seguir andando, si sigues así,sevaadesarmar por completo. Esteabortoespontáneoteha afectado mucho, perdiste mucha sangre…¿Y el caldo de pollo?Violeta, deja de llorar.*

Ella finalmente trajo el caldoaregañadientes.

“Toma un poco de caldo, te hará bien. Por ahora vamos adetenerlos medicamentos para la radiación y la quimioterapia,vamosavercómo evolucionas, además, necesitas quedarte en el hospital.”

Diego habló sin parar,esafuelaprimera vez quemediotantasindicaciones. Justo entonces,Cristian abrió la puerta.

iris!¿Cómoestás?”